El Ingeniero Arquitecto.

 

El Ingeniero Arquitecto.

Hoy en día quizá para muchos en el gremio de la construcción resulta burlesco hablar del Arquitecto como una especie de arlequín afeminado que tiene en mente acomodar flores y pintarrajear muros en colores chillantes, o de un “mandamás” que tira líneas sin sentido, que extiende cifras por las nubes en una larga lista presupuestal; entonces, qué podría esperarse al abordar el término de Ingeniero Arquitecto, una rara variante poco comprendida, nacida de manera distinta, moldeada interdisciplinaria y multifacéticamente. Pero no hay razón por la cual entrar en dilemas y posturas chapadas con el triste sello nacional de macho y de ignorancia colectiva (no por esto debe suponerse que quien escribe tenga alguna variación en sus preferencias sexuales; tolerante y firme pone en claro de manera jocosa su adulación por el cuerpo femenino; cosa más deliciosa al ojo, al oído, al tacto, al olfato, al sentir bohemio e inspirador, no puede haber).

Un buen punto de partida para poner en claro quién es el Arquitecto, es analizar primeramente la etimología de la palabra, entender la esencia de lo que se lee es tener la luz que hace noble y maduro al conocimiento. Por ello no basta tan sólo pasar la mirada por la inmediata raíz griega que lleva a ἀρχιτέκτων (architécton) compuesta por ἀρχός (archós): jefe ó guía y por τέκτων (técton): constructor.  Ya que al menospreciar o pasar por alto la perfección piramidal lograda por Egipto de antaño, así como el titánico y milenario baluarte de la China, o el Ziqqurratu que coronaba el templo neosumerio, entre otros muchos ejemplos, es sin duda síntoma de poca intriga pasional por llevar el interés de quien se llama profesional de la construcción en sí mismo. La idea abstracta e incipiente del constructor no toca formal identidad con el mero hecho de levantar chozas prehistóricas ó buscar refugio ante la intemperie del hostil medio físico; conlleva mucho más… en palabras de Rolf Toman:

 “…By saying this I do not mean that history can teach us to predict future events or guide us in our actions. It would be naive to think this would be so, and anyway, this way of thinking is an extremely one-dimensional view of usefulness. But if all this talk of the opportunities of reflection offered by occupying ourselves with history is not to sound too vague, we should at least use an example here to show how historical facts can be used. But let us not forget that emotion always plays a part in our approach to historical events. During our contemplations, it is worth checking which values our emotions are related to”.

 Si bien no se tiene con exactitud el momento cronológico universal del asentamiento de un status como dirigente y líder en el quehacer de levantar “masas”, se puede enumerar la trascendental postura en distintas culturas a lo largo de la Historia. Allí el salto de Nekhebu y su entrega al legado de Pepi, o lmhotep para con las mastabas destinadas a Zoser; ¿a caso tendría este último idea de la revolución que provocaría al sobreponer una sobre otra llegando así a una pirámide “escalonada” y no mucho tiempo después a las míticas alineaciones perfectas de Al-Gīza?. Al cobrar estas un estricto sentido matemático en su consolidación, un trazo de proyección astrológico, de culto y de reflexión de poderío.

 

First king of the third dynasty, built by Imhotep, 2700 BC

Pirámide Escalonada de Zoser.

 

La postura excelsa del Arquitecto no llegó a ser tan magnífica como en el período Clásico de la Historia Universal; donde el misticismo (no sólo en este lapso de tiempo), la materialización de lo abstracto, la realización de lo imposible, de lo excitante al ojo humano, del jugueteo de luz y sombra, del beneplácito de la Deidad y el control de los pueblos se mimetizó de tal forma que dictó rumbo y proveyó de un sitio reconocible (aun no en el estricto sentido de la palabra como se conoce actualmente). De los ejemplos clásicos y retos de arquitectura “ingenieril” se puede tomar el caso de la Gloriosa Roma y su Panteón de Agripa ideado y atribuido a Apolodoro de Damasco que en palabras de Miguel Ángel su hechura y concepción eran de “Diseño angelical y no humano”.

 

Pantheon de Agripa

Pantheón de Agripa, Roma (Italia).

 

El telón de la gran puesta en escena se levantó gracias a Marcus Vitruvius Pollio  con “De architectura libri decem” donde pone sobre la mesa de la creación espacial un sumario con las reglas de simetría, proporción, órdenes. Mismo que vería la luz de nueva cuenta en el Renacimiento.

Hubo un período poco explorado en la línea de la Historia y no fue sino con los “Gothic Revival” propios del historicismo del siglo XVIII, que se encendió la llama del interés por el estudio del Medievo, lapso mítico para el “maestro de obras” y fue allí en que tomó una investidura cósmica y creadora a la par del Gran Arquitecto Del Universo. Los gremios de albañiles y el “magister operis” amalgamaron con celo resuelto los conocimientos de edificación en grupos fraternos o cofradías. Gratitud a San Bernardo de Claraval y el impulso que éste inyectó a la Orden del Císter, cuyo producto de diseño se tradujo no muy lejanamente en el majestuoso Gótico, plagado de un simbolismo masónico, llevando en sí la semiótica como un código “espejo” en el que el “hombre-arquitecto” puede llegar a levantar sus propios templos de conocimiento, espíritu y nobleza.

 Monasterio de Veruela (Influencia del Císter).

 Real Monasterio de Veruela, Aragón (España).

 

La idea del Ingeniero como constructor cobró ligero esbozo en el acontecer Renacentista con las creativas y únicas manifestaciones propias del rubro militar de Da Vinci, en esa misma página del tiempo, años más tarde, el discípulo de Bartolomeo Cavazza da Sossano, Andrea Palladio y su “I quattro libri dell’architettura” prepararon el siguiente salto de una etapa manierista al fulgor del Neoclásico. Fue éste último un estilo predominante aun hasta los comienzos del Siglo XIX, el que retomó los viejos órdenes, la simetría, la honestidad de los materiales y la limpieza en la concepción del volumen. De allí, de los “viejos nuevos” clásicos como Claude Nicolas Ledoux y sus locuras incapaces de llevarse a la realidad dieron cabida a la inquietante entrada del Ingeniero Civil, para aquel entonces formado como Ingeniero Militar.

 

Sphere de C.N. Ledoux

 “Sphere” de Claude Nicolas Ledoux.

 

La época de los Revolucionarios y utópicos tuvo marcada influencia por Durand, catedrático de la Escuela Politécnica de París, cuna de las ideas “radicales” que sustentaban una arquitectura civil, económica, dispuesta al alcance del bienestar de los individuos y las familias. Quizá fue este el primer postulado protofuncionalista que acuñó la concepción del ingeniero arquitecto. Y más aun la segunda mitad y finales del Siglo XIX con las obras de Ingeniería y la implementación de materiales como el hierro, dejando a un lado los tan trillados sistemas constructivos de la Academia de las Bellas Artes, permitiendo mayores claros, columnas estilizadas delgadas y ligereza en el volumen, cosa que fue duramente criticada por los academicistas como Baudot. De los radicales e innovadores como Viollet-le-Duc (mismo que sembraría las bases del Racionalismo de donde Le Corbusier  haría revolución “Funcional” del siglo XX) y de Flaubert se agudizó aun más la rivalidad entre los académicos y los que pugnaban por una nueva arquitectura, para ser precisos, del período Modernista; se llegó a tal grado que éste último en su Diccionario de las ideas corrientes tipificó como Arquitectos a todos aquellos imbéciles que olvidan siempre las escaleras.

En 1864 es fundada la Ecole Centrale d’Architecture, en la que la formación básica del alumnado tenía que ver prioritariamente con la técnica y la ciencia. Esto como un antecedente de tal importancia para combinar el carácter interdisciplinario del Ingeniero Arquitecto tal cual se menciona en un principio. Eran momentos en los que los jóvenes ingenieros resquebrajaban los estatutos de un viejo orden de esteticidad y hermético encuadramiento del “Clasicismo de la Academia de las Bellas Artes”. Así nace el Ingeniero Arquitecto, con la mira en conservar a la Arquitectura como un motor generacional y de armónica constante en la mejoría de la tecnología implementada en la hechura de la construcción, en deshacerse de los arcaísmos, tal como Gaudet concluyó: “…no todo fue de igual mérito, pero los esfuerzos hacia este fin han sido fecundos, y actualmente sabemos y proclamamos que el arte tiene derecho a la libertad, que únicamente la libertad puede asegurarle vida, fecundidad y salud (Hablando éste sobre la Arquitectura)”.

 

L'Exposition Universelle (Paris 1889)

En el Journal de los Goncuort se leía: “La Torre Eiffel me hace pensar que los monumentos de hierro no son monumentos humanos, es decir, monumentos de la vieja humanidad que ha conocido sólo la madera y la piedra como medio de construcción de sus refugios…”

L’Esposizione di Parigi del 1889: “Bien plantada sobre sus piernas arqueadas, sólida, enorme, monstruosa, brutal, se diría que, despreciando silbidos y aplausos, trata de buscar y desafiar al cielo, sin importarle lo que se mueva a sus pies”.

 

El Ingeniero Arquitecto nace a la par (y tal vez con cierto silencio) del período de las Vanguardias de finales del Siglo XIX y comienzos del XX, y es con ése mismo espíritu de lo nuevo, que confiere a su título la unión de lo impensable, de lo objetivo y lo subjetivo, nace como un mediador y justo dador tripartita científico-técnico-artista en aquella discordia entre los viejos de la Academia y los hijos Politécnicos bajo la mayordomía de Durand y Viollet-le-Duc. Nace no en la radicalidad de los Ingenieros Civiles reacios a todo dogma del buen gusto, ni tampoco negando la importancia del cálculo y la optimización capital en los trabajos. Podría transpolarse a aquel “magister operis” pero con la característica y  diferencia que éste nuevo no pretendía estar a la par del supremo, sino que servía como puente intercomunicador entre los cielos de las artes y la tierra de las masas; cumpliendo la máxima que cita la médula de éste espacio cibernético: <<Este inmenso universo que nos maravilla es la casa del pobre, es la casa del rico expoliado. Tiene por derecho la bóveda del cielo y comunica con la asamblea de los dioses… El pobre pide una casa, en la que no se admitirá ninguna de las decoraciones que se aplican con profusión en las casas de los Plutos modernos. El arte deberá interpretar sus necesidades y someterlas a la proporción>> C.N.Ledoux.

No escapando a la misma postura del viejo mundo, en México éstas ideas radicales de crear una Arquitectura dirigida a las masas, sustentada en estudios serios de actividades cotidianas, de la máquina Corbusiana; se erige un estandarte apellidado O’Gorman quien introdujo la revolución del no ornamento (eco post-löosiano), del aprovechamiento de los espacios no por su pomposo decoro, sino por la utilización ideal del mismo, esto es la teoría funcionalista. En un grupo de jóvenes como Juan Legarreta y Álvaro Aburto, O’Gorman defendió los nuevos ideales de la conjunción técnica, de la modernidad, del carácter útil y funcional de la Arquitectura; logrando éstos su realización cúspide en los proyectos de 27 escuelas para la Secretaría de Educación Pública, en la que bajo la urgencia del aquel entonces Secretario Narciso Bassols, consigna a Juan O’Gorman no desperdiciar ni un peso, ni un metro cuadrado de construcción, ni un rayo de sol; respondiendo éste con la hechura magistral de dichas primarias.

El Ingeniero Arquitecto encuentra cuna en ésta ideología, naciendo en las filas de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional con la mira de dar continuidad al Funcionalismo. Hoy en día hablar de dicha teoría resulta un tanto fuera de orden; pero sus máximas siguen presentes en el diseño de espacios justificados en la praxis. Toca al Ingeniero Arquitecto resolver las exigencias no solo de las masas, sino dar apertura a la optimización con la que las necesidades del Siglo XXI se hacen presentes de manera acelerada y a pasos catastróficos. Posee el compromiso de llevar la Ciencia a la creación de proyectos sostenibles y celosos del entorno inmediato en que sean requeridos; de la tecnificación y adiestramiento de las herramientas de punta en un sector laboral poco competitivo a nivel global; del entendimiento con el Arte contemporáneo y la conexión semiótica del proyecto; de la apertura al diálogo con posturas polarizadas y la búsqueda de soluciones urbanísticas que exigen las metrópolis y la megalópolis de nuestra nación.

Así nació, creció y vive ésa rara especie llamada Ingeniero Arquitecto.

No es la postura de quien escribe estar en contra de Arquitectos o Ingenieros, sino más bien, la de buscar como en las Cofradías de antaño, los Secretos celosamente guardados por hermanos que desbastaban la piedra y esculpían su obra en formas magníficas. Busquemos pues, limar las ponzoñosas rivalidades del siglo XIX vigentes aún y creemos una “Catedral” de soluciones a la problemática que minuto a minuto se torna inconmensurable.

¡Urge!.

 

© Josías Mumenthey.

 

 

Bibliografía propuesta.

Yáñez Enrique, “Del Funcionalismo al Post-Racionalismo”; Limusa-Noriega; Primera Edición; México 1989; 326 páginas con ilustración.

Benévolo Leonardo, “Historia de la Arquitectura Moderna”; Gustavo Gili;  Octava Edición tercera tirada; Barcelona 2005; 1190 páginas con ilustración.

X. de Anda Enrique, ” Historia de la Arquitectura Mexicana”; Gustavo Gili; Segunda Edición; México 2006; 275 páginas con ilustración.

 

Fotografías

http://www.flickr.com/photos/matthew-coughlan/3093387703/sizes/o/

http://www.flickr.com/photos/ptera/2420971112/sizes/l/

http://www.flickr.com/photos/tochis/652359588/sizes/o/

http://www.flickr.com/photos/lemmy_caution/3409511356/sizes/o/

http://special.lib.gla.ac.uk/images/century/rf754_0005wf.jpg

 

2 comentarios

Archivado bajo Arquitectura

2 Respuestas a “El Ingeniero Arquitecto.

  1. mo

    que fotos…. pero me maravilla más aún ese ser maravilloso que compartes…

  2. G. Noeller

    Excelente artículo, y como mencionas, el funcionalismo has sido superado, estas ideas ya forman parte de la historia, pero en México las necesidades de un mejor hábitat y de optimizar los recursos económicos siguen presentes, es donde el actual Ingeniero Arquitecto debe de revaluarse y actualizarse para crear un producto realmente satisfactor para un entorno como el que nos toca vivir

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