Viví Sabato.

Hace algunos meses guardé con temor las palabras leídas que alguien vivificaría y más aun, que junto a dicha persona inconscientemente pondría en escena ante la función de la vida.  Hoy como parte del proceso de levantar los momentos aprendidos y la clausura de memorias que colgarán en el muro de los recuerdos, cito extractos que sonaron con estrépito en el alma del <<Gallo Ciego>>.

“Mi ser es viajero y algunas veces me verás distante, pero mi alma siempre regresará a ti, porque sin ti ya no soy y si salgo, será para traerte cosas nuevas… Tu eres luz inagotable.”

Palabras anteriores que l’ange bleu dejó con tierna mano sobre un obsequio caro que no ceso de releer. Sobre héroes y tumbas de Sabato, y es mi deseo plasmar sólo tres íntimos fragmentos que al compás tanguero, a la frágil y humeante compañía de un pucho y dos copas de tinto ven correr una lágrima de nostalgia amarga.

Yo… Martín. Tú… mi Alejandra.

¿Acaso alguien después podría darle a ella lo que a él le había dado? ¿Su ternura, su comprensión, su limitado amor? Pero en seguida la palabra <<después>> aumentaba su tristeza, porque le hacía un futuro en que ella no estaría más a su lado, un futuro en que otro ¡otro! le diría palabras semejantes a las que él le había dicho y que ella había escuchado con ojos fervorosos en momentos que ya le parecía inverosímiles; ojos y momentos que él había creído que serían eternamente para él, que permanecerían para siempre en su absoluta y conmovedora perfección, como la belleza de una estatua. Y ella y ese Otro cuya cara no podía imaginar andarían juntos por las mismas calles y lugares que había recorrido con Martín, mientras él ya no existiría para Alejandra, o apenas sería un recuerdo decreciente de pena y ternura, o acaso de fastidio o comicidad.1

¡Cuántas estupideces cometemos con aire de riguroso razonamiento! Claro, razonamos bien, razonamos magníficamente sobre las premisas A, B y C. Sólo que no habíamos tenido en cuenta la premisa D. Y la E, y la F. Y todo el abecedario latino más el ruso.

¡Cuántas amargas reflexiones me hice en aquel viaje!

¡Cuántas fallas en ese pasado! ¡Cuántas inadvertencias! ¡Cuántas ingenuidades, todavía!

¡No hay casualidades! 2

Puso Alma en pena y dio cuerda: de la bocina salió la voz de Gardel, emergiendo apenas de entre una maraña de ruidos. Tito, con la cabeza colocada al lado de la bocina, menéandola con emoción, murmuraba; Qué grande, pibe, qué grande. Permanecieron en silencio. Cuando terminó, Martín vio que en los ojos de D’Arcangelo había lágrimas.
– A vo te gusta el tango, pibe, ¿eh?
– Sí, claro- respondió Martín con cautela.
-Qué bueno. Porque ahora, te voy a ser sincero, la nueva generación no sabe ya nada de tango. Meta fostró y todo eso merengue de bolero, de rumba, toda esa payasada. El tango e algo serio, algo profundo. Te habla al alma. Te hace pensar.

…El tango tiene que ser tango o nada. Y eso terminó, pibe, ponele la firma. E algo que te parte el corazón, pero e una verdá grande como una casa. 3

 

 

  

© Josías Mumenthey.

 

 

1.- Sabato Ernesto, “Entre héroes y tumbas”; Editorial Seix Barral; Segunda Edición; 2003; página 184. Sin ilustración.

2.- Idem.

3.- Idem.

 

1 comentario

Archivado bajo Yo introspectivo

Una respuesta a “Viví Sabato.

  1. e

    l’ange bleu: ” sueños… por un momento todo se hiso sueños, el alma y cuerpo se redujeron a interminables sueños. Todos llenos de locura y esperanza, y de pronto me hice nube, agua, mar, luz… y de mí sólo quedan las alas.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s