Pronto será Navidad.

 

 

¿Qué es lo que a dioses

Y hombres separa?

Que muchas ondas

De aquellos vienen

Y su corriente

Como una ola eterna,

Nos traga, nos alza

Y nos apaga.

 

En estas fechas decembrinas de agitado andar por los centros comerciales, de refunfuñantes rostros por el mal cobro de unos números inscritos en papel moneda y la imperiosa necesidad de lucir lo mejor , nace la siguiente interrogante: ¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué la dichosa prisa de expedir dineros en compras a veces con el adjetivo calificativo de vacías? ¿Por qué o por quién? De allí que muchos peguemos el grito y como respuestas inmediatas se tengan las siguientes, por citar algunos ejemplos: – es por pasar la navidad en compañía de nuestros seres amados y ellos como nosotros merecemos lo mejor en estos días de asueto- o bien -porque se aproxima la nochebuena y hay que celebrar-

Y es que muchos dirán obviamente que la razón que lo justifica radica en un  hecho que propicia la unión más entrañable que pueda existir, a saber, la de la familia. Misma que es aplaudible ante la crisis emocional que ataca dicha célula actualmente (no es mi postura la de ser un clasiquero y “mocho” defensor de las costumbres impuestas). Muchos otros podrán dibujar la celebración en la estadía con amistades y la reflexión en los hechos acontecidos a través de un año. Otros tantos como mera excusa para pasarla bien al sonar de las botellas y el escape en las danzas que marcan los compases del reproductor de discos compactos.

Pasa tan desapercibido el significado de estas fechas y henos aquí, pronto será Navidad (fecha en la que en el más estricto análisis cronológico  divergen variadas posturas de credo y ciencia, llevándola a otros puntos en el calendario, hecho que no voy a discutir por la sencilla palabra llamada: Tolerancia).

Navidad o nacimiento, noche de bendición, misa de Cristo…

Una fecha que se nos ha sido dada como herencia inmediata por el cristianismo, la que marcó el advenimiento de Yeshúa, un Salvador para  todos los hombres según la postura eclesiástica. Entonces, ¿Quién fue Jesús de Nazaret?

Lejos de propiciar una respuesta como verdad única y reclamo ideológico universal, presento mi concepto sobre tal Supremo Maestro dejando fluir libremente mi Fe, misma que no está circundada por dogma alguno; sin embargo, enriquecida día a día con brotes y percepciones diversas que son puestas a mi juicio bajo la escuadra de la razón y la íntima conexión con aquel que es conocido como el Gran Arquitecto Del Universo. Para ello deseo citar un breve extracto de las palabras de Edouard Schuré en su obra “Los grandes Iniciados”, específicamente en el primer apartado llamado: El estado del mundo al nacimiento de Jesús.

La descomposición social y política de Grecia fue la consecuencia de su descomposición religiosa, moral e intelectual. Apolo, el verbo solar, la manifestación del Dios supremo y del mundo supraterrestre por la belleza, la justicia y la adivinación, se calla. Ya no hay más oráculos, más inspirados, más verdaderos poetas: Minerva-Sabiduría y Providencia, se vela ante su pueblo transformado en sátiro, que profana los Misterios, insulta a los sabios y a los dioses, en el teatro de Baco, en las farsas aristofanescas. Los misterios mismos se corrompen, pues se admite a las sicofantes y a las cortesanas en las fiestas de Eleusis. Cuando el alma se espesa, la religión se vuelve idólatra; cuando el pensamiento se materializa, la filosofía cae en el escepticismo.

Volteemos un instante a nuestro alrededor y hallaremos sorpresivamente aquella Grecia en suelo tenochca.

Jesús de Nazaret, su concepción y nacimiento.

Para algunos, hijo de un pobre carpintero, niño concebido por la gracia del Espíritu Santo, como en acto mágico y espontáneo. Para otros, producto divino de la unión sexual de Elohim y María, siendo ésta cubierta por el manto protector del Santo Espíritu (ver “Jesús el Cristo” de James Talmage). Para algunos más, la incorporación del ser etéreo del Altísimo en el vaso escogido de una virgen (ver “Jesús y los Esenios” de Schuré).

Su humilde llegada al mundo en un pesebre dictado como el fiel cumplimiento profético de Isaías y varios patriarcas, nos recuerda que aquellos escogidos comenzaron a construir su Reinado Universal en un carácter de discreto silencio y “oscuro”  sentido de preparación.

“Saldrá un brote del tronco de Jessé, un vástago saldrá de sus raíces, y el Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, el Espíritu de Consejo y de Fuerza, el Espíritu de Ciencia y de Temor del Eterno. Juzgará con justicia a los pequeños y condenará con rectitud para mantener a los buenos sobre la tierra; y castigará a la tierra con el látigo y la boca y hará morir al malvado por el espíritu de sus labios”.

¿Recordamos pues en nuestras mesas, en tal fecha, la esencia de quien tomamos como Salvador? ¿Nos damos a la tarea de una simbólica reflexión crítica y honesta para con nosotros y los nuestros? ¿O es que asumimos el papel de cortesanos y sátiros, callando la llama de la fe (no importando la línea religiosa) y espesando la clara luz de la enseñanza cristiana?

Creo sin duda alguna en el poder tangible de la fraternidad, aquella que se esconde detrás de las enseñanzas del Maestro. Aquella que a su llegada fuere anunciada con inspiración y tono de mansedumbre, que debe recordarnos el carácter ascético de la creencia en un ser Divino. Bien lo tuvo a sacar de sus labios un ángel mensajero:

 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Pienso que mucho más allá de la búsqueda del bienestar material (ambición que no es dañina cuando se sabe dar prioridad a los más nobles pensamientos y valores) y de la adopción a veces inconsciente de las corrientes en boga por el continuo bombardeo mediático; debemos hacer una pausa concienzuda, sentarnos a mirar en rededor, probar la Sal del Supremo Maestro, permitirnos ser un puño de Sal que de sabor a la tierra, en ésta era del vacío (según Gilles Lipovetsky). Permitamos el sentimiento humano, no con hechos extremistas, veamos el espacio inmediato a nuestras narices. Si bien decimos “Soy católico, o bien mormón, o bien solo creo…” dejemos a un lado ése infortunio liviano y frívolo. Bien lo escribió Sartré el existencialista:

¿Hay algo más desengañado que decir la caridad bien entendida empieza por casa, o bien al villano con la vara del avellano?

De los Evangelios apócrifos se desprende una enseñanza hermosa de aquel Príncipe de Paz, con la cual doy por finalizado éste sentir.

Un día, Jesús, que había salido de su casa, recorría, solo, el país de los galileos. Y, habiendo llegado a una aldea, que se llamaba Buboron o Buasboroín, encontró allí a un hombre de treinta años, que estaba muy incomodado por la vehemencia de su mal, y que yacía tendido sobre su lecho. Cuando Jesús lo vio, se compadeció de él, y le preguntó: ¿De qué raza eres? El hombre repuso: De raza siria y del país de los sirios. Jesús añadió: ¿Tienes todavía padre y madre? El hombre dijo: Sí, y mis padres me han expulsado de su hogar. Errante ando por doquiera, para buscar mi sustento diario, mas no poseo domicilio en parte alguna. Jesús inquirió: ¿Y cómo has podido salir de tu país? Respondió el hombre: Se me trataba, unas veces contra salario, y otras para pagarme. Jesús continuó: ¿Por qué has venido a este país? El hombre contestó: Para pedir limosna, y para subvenir a mis necesidades materiales. Y Jesús sentenció con gravedad: Si soportas con calma tus tormentos, encontrarás más tarde el reposo. A lo que el hombre replicó: Pueda o no pueda, los soporto y los acepto con júbilo.

Y Jesús dijo: ¿A qué dios sirves? El hombre repuso: Al dios Pathea. Y Jesús le preguntó: ¿Encuentras, pues justo que te halles en este estado? El hombre manifestó: He oído decir a mis padres que ese dios es el dios de los sirios, y que puede hacer a los hombres todo lo que le place. Interrogó Jesús: ¿Cuál es tu nombre? El hombre dijo: Hiram. Y Jesús lo conminó, diciendo: Si quieres curarte, abandona ese error. Hiram dijo: ¿Y cómo he de dar crédito a tu propuesta? Porque tú eres todavía un niño, mientras que yo soy ya un varón adulto. Y Jesús le preguntó: El dios de tu culto ¿tiene el poder de devolverte la salud y la vida por una simple palabra? Y Jesús añadió: Si crees de todo corazón, y si confiesas que hay un Dios del cielo y de la tierra, que ha creado el mundo y el hombre, tal Dios es capaz de curarte. Hiram apuntó: No he oído hablar de él. Jesús dijo: Sea. Pero cree sencillamente, y tu alma vivirá. Hiram le preguntó: ¿Y cómo hacer ese acto de fe?

Respondió Jesús: He aquí la fórmula. Creo que es un Dios muy alto, el Padre creador de toda cosa, y creo en su Hijo único y en el Espíritu Santo, trinidad y divinidad una y perfecta. Hiram repuso: Creo lo que me dices. Entonces Jesús le habló, interrogándolo: ¿No te has presentado a alguien, para que te cure? E Hiram exclamó: ¿Qué médico podría librarme de tan grave enfermedad? Jesús dijo: Aquel a quien pagues, lo podrá fácilmente. Hiram opuso: Pobre como soy, nada tengo que dar, y nadie hace la caridad gratuitamente. Y Jesús objetó: ¿No has dicho tú mismo antes que has venido de un país lejano, que has recorrido numerosas comarcas, y que has recibido limosnas? ¿Por qué dices ahora falsamente que no tienes con qué pagar? Hiram repuso: ¡Perdona, niño! Lo que te he dicho es que nada tengo que dar, excepto el alimento que recibo al día, y el vestido que me cubre.

Y Jesús, viéndolo llorar, exclamó: ¡Oh hombre, dirígeme tu demanda! ¿Qué puedo hacer por ti? Y respondió Hiram: Haz por mí todo lo que te plazca, y gratifícame con algún socorro. Y Jesús, extendiendo la mano, tomó la suya, y le ordenó: Levántate, yérguete sobre tus pies, y ve en paz. Y, en el mismo momento, el hombre quedó curado de sus males. Y cayó llorando de hinojos ante Jesús, y le hizo la siguiente petición: Señor, si quieres, te seguiré en calidad de discípulo. Mas Jesús le dijo: Vuelve en paz a tu casa, y cuenta todo lo que he hecho por ti en este encuentro. Y el hombre se prosternó de nuevo ante Jesús, y marchó a su país.

 

 

 

  

 

 

Bibliografía propuesta.

Schuré Edouard, “Los grandes Iniciados”.

Talmage James, “Jesús el Cristo”.

Lipovetsky Gilles, “La era del vacío”.

Sartré Jean Paul, “El existencialismo es un humanismo”.

Santa Biblia versión Reina Valera 1960.

 

Fotografías

http://www.flickr.com/photos/biblarte/3597352193/sizes/l/in/set-72157619202066973/

http://www.flickr.com/photos/norfolkodyssey/sets/72157603493730625/

http://www.flickr.com/photos/12639210@N08/2340851600/

 

 

1 comentario

Archivado bajo Sociedad y Política, Yo introspectivo

Una respuesta a “Pronto será Navidad.

  1. wixita

    hablando de Navidad, te comparto Una visión de la Navidad en palabras del poeta Miquel Martí i Pol

    Algo leve y poderoso que a cualquier palabra hace sutil

    como si fuera dicha con una voz muy intima, eso suele ser navidad.

    Y la dulzura qe se instala, tal vez osada en el mismo lugar

    donde dia tras dia crece la angustia o la envidia,

    no dura sin embargo la maravilla y el viento del año nuevo

    se lleva de golpe los sueños y hiere de muerte casi todos los propositos

    y yo me pregunto; podemos llamarnos buenos si lo somos,

    a toque de calendario?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s