Oro y Plata.

 

En esta ocasión bajo la tronadora inspiración colectiva, y digo tal adjetivo, ya que el término me parece excelentemente apropiado para justificar el festejo con motivo del inicio del bicentenario, más por lo ridículo que me resulta observar cierto spot en la televisión, donde, la bella dama del lucero (con título de filántropa año tras año) hace extensiva la petición de primicias a una nación que en mi particular postura se resume en la siguiente palabra: modorra. Que de acuerdo a la Real Academia Española en su Diccionario de la Lengua Española en las acepciones segunda, tercera y cuarta, se halla lo siguiente:

2. adj. Dicho de un operario: Que se ha azogado en las minas.

3. adj. Dicho de una fruta: Que pierde el color y empieza a fermentar.

4. adj. Inadvertido, ignorante, que no distingue las cosas.  

¡Fatal y ruin! ¡Sí! la clara faceta de una idiosincrasia que ha perdido el rumbo en su mayor parte; quienes no, ¡benditos sois!

No pretendo lanzar el dedo del escarnio, ni tampoco hacer de este modo de pensar una lista poco madura y reprimida. Sin embargo mi intención como parte de ese todo llamado México y el compromiso personal por amor a ésta a tierra y al sol que me han visto andar descalzo, hace que a continuación lance alguna que otra perífrasis con base a los anteriores puntos.

Del mexicano azogado.

Martes 24 de abril de 2009: AH1N1 “México Responde”. Me pregunto si pudo responder a su pisoteada imagen ante el mundo por el raquítico índice de lectura y la garrafal ortografía, ¿o es que ya poseemos una nueva morfología filológica consistente en números mezclados con letras? Si ha respondido a la martingala sucia y abyecta del grupillo de poder que formuló en plena “alerta sanitaria” sus nuevos gravámenes y así colocarlo en las paupérrimas listas de ingresos. Me pregunto también dónde radica la milagrosa dosis de solución, si el domingo 26 de julio del mismo año, cual varita mágica desapareciera el altísimo factor de riesgo por contagio, al leerse en algunos diarios los siguientes balazos anímicos: “…el Tri se elevó a los cielos y llevó al éxtasis a millones de mexicanos que gozaron una victoria sublime: México 5, Estados Unidos 0” si aquellos compatriotas que sintieron la revolución verde en suelo yankee; mismos que curiosamente al regresar al “sucio” pueblo del que salieron adoptan una actitud (en ciertos casos) despectiva. Estados Unidos de Norteamérica, vaya gran nación…

El mexicano acelerado por la pandemia de la nueva crisis mundial, ¿será porque se halla hasta el tope de créditos con miras a superfluos quereres y sentirse en el glamour ibérico de la temporada otoño-invierno?

El mexicano agitado, histérico y a la vez amedrentado por una guerra de mafias narco-políticas manejadas por aquel de las manos limpias. ¡Ay Felipe! Si hubieses tenido una poca de prudencia tal cual tu homónimo, aquel “Nuevo Rey Salomón”.

Del mexicano que pierde el color.

No hay tanta necesidad de echar palabrería, básteme decir que hoy, nosotros los indios tememos ser indios. Nosotros los patarrajadas hemos cambiado el humilde huarache por los más alternativos modelos de catálogo y recibir un nuevo concepto de imagen que resulta curioso al juego de palabras; hoy dejamos de ser indios para yacer <<indies>>.

De la cuarta acepción.

A ella añadiría una palabra más y sus dos ramificaciones, a saber, sopor superficial y sopor profundo. Que según el moderno apparatus cibernético “Wikipedia” (lo que diría de tal Arias Montano) se entiende por ello:

El sopor es una condición en la que una persona parece estar durmiendo. Existen dos tipos:

  • superficial, si al estimularlo despierta, pero no se logra que llegue a la lucidez y actúa desorientado (como si estuviera obnubilado), respondiendo escuetamente preguntas simples. Al dejarlo tranquilo, la persona vuelve a dormirse.
  • profundo, si es necesario aplicar estímulos dolorosos para lograr que abra los ojos o mueva las extremidades (respuesta de defensa).

 

Dejo abierta la pregunta, al criterio de quien tenga a bien leer. ¿Qué hacer ante el sopor del mexicano?

 

¡Salud por nuestras felices fiestas bicentenarias!

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

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