Archivo de la categoría: Música

Un par de músicas.


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Melodies.


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El bien perdido.

  

Yo me he criado a puro campo, rancho, rebaño, maizal,

con noches de historias viejas y mañanas de cristal.

 

Bajo un cielo de gaviotas vi a mi padre trabajar,

no se si sembraba coplas por el modo de cantar.

 

Un día yo vi un camino y me puse a caminar

y anduve, anduve y anduve mezclando dicha y pesar.

 

Después de muchos trabajos en un mundo fui a parar;

un mundo de extraño nombre, se llamaba soledad.

 

Angustias, ingratitudes; no me podrán lastimar

mientras viva en ese mundo que se llama soledad.

 

Solo podría cambiarlo; pero es imposible ya,

por una noche de cuentos y una aurora de cristal.

 

Solo podría cambiarlo; pero es imposible ya.

 

Ni mi madre está en el patio ni mi padre en el maizal.

 

 

Atahualpa Yupanqui   (Héctor Roberto Chavero Aramburo).

 

Estas cosas que yo pienso
no salen par ocurrencia.
Para formar mi esperencia
yo masco antes de tragar.

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El “Gotán”.

“Mujer de mi poema mejor…perdón si eres mi gloria ideal”

El anhelo por un amor <<romántico>> que trae consigo la desgracia, el dolor y la pena por no verlo asido en las manos del muchacho que pide y no recibe; la evasiva nostalgia del hombre que gusta de emborracharse para curar la herida o simplemente el hecho de arrojar al aire el agobio en un abrupto arranque melódico de bandoneón, mismo que se toca con el alma, al compás de una lánguida sonrisa de ilusión y engaño fútil.

Tango es esa música “del puerto” dada al mundo como una aspirina para aliviar los más abismales suplicios. En Bioquímica subjetiva se le puede clasificar como una enzima pasional que ensalza los finos hilos que teje el ojo en un enamoramiento, en el recuerdo inmediato de aquel ser, sus formas y su olor.

Tango es tomar un cigarro, aspirar el cansancio de la cotidianidad  y soplo a soplo ver cómo se pierde en el viento, a veces fuerte, otras tantas diurna y suave brisa.

Tango es sentarse y perder los ojos en el ocaso otoñal, lo mismo en el estático hueco dentro de la veloz moción citadina que en la quietud y el abierto vacío provinciano.

Tango es sujetar las caderas de la <<papirusa>> con delicada fuerza y deseo que se prende al cálido tacto de sus pechos. Se cierran los ojos como sinónimo de grito guardado y conexión impetuosa de dos corazones que bailan la danza del cortejo y la excitación. “A media luz, muy despacito”  así se entrega uno a la locura tanguera, pidiendo que ante la marcha de las notas, sea el mismo bandoneón que lo lastime; quien se transforme en la sombra del apetito.

<<Gotán>> de Pugliese, de Troilo, de Goyeneche, de Piazzolla, de Pane, de Castillo, de Angelis, de Sosa y Gardel.

 

Cantor,
de un tango algo insolente,
hiciste que a la gente
le duela tu dolor.

Cantor,
de un tango equilibrista,
más que cantor artista,
con vicios de cantor.

 Gotán

 Tango

 

Tangos

“Recuerdo” de Osvaldo Pugliese y Jorge Maciel.

“Garganta con arena” de Cacho Castaña.

 

©  Josías Mumenthey.

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