Archivo de la categoría: Poesía

Embrión de la muerte.

13:11 horas. Noviembre 2, 2010.

Al abrir los ojos me doy cuenta lo tarde que es; sin embargo echo un vistazo a la ventana y el día parece quebrado, distante y ajeno. Se escucha a la lejanía el cantar de los gallos, pasada su hora, en una mezcla con el viento que trae los trozos de nubes grises que no llevan agua esta ocasión. Las campanas del pueblo chocan en un vaivén de cinco repeticiones por compás y su sonido es similar al de los grilletes que arrastra la pena. Hay por allí algún necio a la constante de hoy que niega la infinita tristeza que se respira, y escapando a tal, arroja un par de cohetones que irrumpen el luto con un tronido digno de cualquier tromba.

Es como si hubiese una bruma invisible sinónimo del regaño de los muertos viejos; porque ayer, en el día de los chiquitos, el sol repiqueteó en un delicioso calor diurno. ¿Será a caso que ni pintando de chillantes colores las tumbas del calvario, se pueda calmar la ira del averno por los tantos muertos que le pertenecen? ¿O es que hay necesidad de ir colgando los <espíritusanto> cruz por cruz?

Por mi cuenta, he guardado preludio hace ya cuatro días, mis intentos inútiles por desdoblarme en un viaje carente de razón para muchos tal vez, en el lapso que las estrellas dictan como abierta una puerta. Buscando a mis muertos, buscando sus olvidadas moradas, buscando en la palíndroma de la zorra, dando vueltas en círculos que no se conectan por alguna secante siquiera. El precio por asirse de una memoria perdida es el mismo que tendría que pagar por un viaje a la luna. Mi cabeza se mancha del humo de mi cigarro y del que produce la frustración, de allí que Francisco Hernández lo definiera en una pareja de versos:

 

Es el recuerdo

Que vive en la impaciencia de la hoguera.

 

Siempre he notado como dato curioso que en casa nunca se montó altar alguno. De muertos: solo la madre de mi padre; pero la relación fue difícil y ni una caña se le dedica.

¿Será después de todo que al embrión de la muerte se le llame soledad*? ¿Y que resulte como lo escribió el poeta aquel?

 

Arrojar

Una piedra en la noche.

 

Cierro a la salud del licor de anís que ha preparado para este día la matrona de mis bocados en la estadía temporal por esta tierra de montes arrugados. Pensando y llorando al interior, como cura que me alivie por un momento proclamo mi propio evangelio: “Morir en la muerte y no mientras se viva”.

 

Oscuridad eterna

 

―El que se muere

¿qué siente?

―Que le apagan la luz

para siempre.

 

Cempasúchitl.


 

* Obsérvese el largometraje “Seul contre tous”, Gaspar Noé, 1998. Fragmento del rodaje que va del 14:27 al 22:04

Bibliografía.

Fonseca Rodolfo, Huerta David, Rod Gerardo; “Circo Poético: Antología de poesía mexicana del siglo XX”; SM de ediciones; México 2003; 191 páginas con ilustraciones de Felipe Ugalde.

Poemas:

“Oscuridad eterna” de Elías Nandino.

Diccionario poético.

Humo de Francisco Hernández.

Morir de José Carlos Becerra.

Fotografía.

http://www.flickr.com/photos/coloresdepuebla/5127712476/sizes/z/in/pool-94318660@N00/

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Poesía, Sociedad y Política

Laguna Superior.

Como en cada tarde de pláticas y risas, la de ayer tuvo un sabor distinto. Muchacho llegado de vacaciones al hogar, después de un año de ausencia. Una madre a la que se le ve cansada, con los párpados holgados y una mirada tierna. Ella no quita el dedo de sus bocadillos, sentada en la vieja mesa de jardín, deja salir palabras de cariño y bienaventuranza.

Curioseando, como es de costumbre, en aquel escritorio viejo, observé un nuevo libro del que minutos después, Austreberta, bajo la inspiración melódica de aquellas maderas que cantan con voz de mujer, tomara con sus suaves manos y comenzara a recitar unas cuantas líneas.

Laguna Superior es el título, lleno de color y sentido de poder palpar la suave tierra húmeda de la gente paisana. Me tomaré el atrevimiento de lanzar un extracto de la apertura de dicho libro, así como un poema del mismo, el cual pareciera arrullarme entre las guitarras borrachas del decembrino ocaso oaxaqueño.

 

Presentación.

En Los hombres que dispersó la danza, Andrés Henestrosa incluyó un bello cuento titulado “El Lago de Santa Teresa”. Ahí explica que por la osadía de la Santa, el mar atravesó la cordillera para ahogar a la más bella región que ella había encontrado con el fin de fundar una nueva ciudad. “Antes de morir –apunta Henestrosa- la Santa pidió perdón y Dios refrenó la bravura del océano, y el océano, manso, volvió a su cauce, pero mantuvo dos brazos fuera. Y nosotros les llamamos Lago Superior o de Santa Teresa, al más grande, y Lago Inferior al otro”.

De esa trama de sueño y leyenda, de grandeza y perfección, provienen los autores notables de la presente antología: Laguna Superior, poetas del Istmo Oaxaqueño. Se incluyen aquí poetas istmeños nacidos entre 1943 y 1986; la rigurosa y magnífica selección abarca poemas escritos tanto en español como en diidxazá, la lengua zapoteca. Esta vocación abierta a los idiomas de México engrandece la antología y enaltece a los autores.

México será un mejor país cuando acoja con la misma dignidad a todas las lenguas que entre nosotros florecen.

En otro momento he dicho ya que los zapotecos del Istmo han forjado acaso la tradición literaria moderna más importante de las lenguas indígenas de México. A lo largo de un siglo se han sucedido varias generaciones de escritores cuyas obras han difundido revistas, diarios y colecciones editoriales. Después de autores como Rosendo Pineda, Adolfo C. Gurrión y Enrique Liekens Cerqueda, nacidos todos en el siglo XIX, Andrés Henestrosa, Pancho Nácar y Gabriel López Chiñas, nacidos en la primera década del siglo XX, fueron los istmeños que se consolidaron como una generación de sólidos escritores en lengua materna y, en el caso de Henestrosa y de López Chiñas, también en lengua española. Marcaron de manera profunda la expresión poética del Istmo con puntuales aportes de estilo, expresión, sonoridad y, por supuesto, con reflexiones utilísimas para la escritura alfabética de la lengua de los binnizá, los hijos de la nube o la lluvia.

Para Víctor de la Cruz, Pancho Nácar (seudónimo de Francisco Javier Sánchez Valdivieso) el más grande poeta de la lengua zapoteca. Destaca que vivió por y para el zapoteco y que en el conocimiento amplio y profundo del idioma radicaba el secreto de su gran poesía. Víctor de la Cruz mismo, magnífico poeta en zapoteco y en español, que por decisión propia rehusó ser incluido en este libro, publicó en 1983 La flor de la palabra, una amplia antología de literatura zapoteca, con una sección final en lengua española. Aparte de los poetas ya mencionados, agregó a Eustaquio Jiménez y Macario Matus, éste último, poeta que abre Laguna Superior.

Entre los poetas de una nueva generación que escriben tanto en zapoteco como en español me había ocupado ya de varios poetas: Feliciano Marín, Antonio López Pérez, Natalia Toledo, Víctor Terán, Jorge Magariño y Manuel Matus. Ahora, comprueban aquí su gran calidad poética, su poder expresivo, su arte impecable. Ahora, igualmente, con los nuevos poetas que reúne este volumen, entiendo que el Istmo vive un gran momento creativo, un encomiable aliento que no pierde la vida de hoy, que no olvida la gran tradición de ayer.

En un país tan dolorosamente complejo y lastimado como el nuestro, los poetas de Laguna Superior ofrecen un abrazo amigo, un soporte valioso y alegre, un conocimiento de la vida, una conciencia artística que da a nuestros idiomas la diafanidad que la realidad social no logra ofrecer. Enhorabuena por esta gran poesía que celebra y enaltece nuestra vida.

 

Carlos Montemayor.

 

 

 

 

 

Rayuela

O

Esta ausencia sabe a Maga

                                                          Para el cronopio mayor.

 

 

Abro la llave

Y aperece la imagen de Maga

En el centro del agua

Parto un pan

Y descubro en la levadura

El rostro de Maga.

Me como las uñas y es sabor a Maga.

 

Me pregunto si es así la locura.

 

¿Por qué la Maga y no la vedette de moda

O la faz de dios en el centro de las verduras

Y el recaudo?

 

¿Sabes mi adorada Maga

Que en tu ausencia he engordado

Cuarenta kilos de nostalgia

Degustando tu imagen

En mis devastadas noches

De apetitos voraces?

 

Dicen que la tristeza adelgaza

Y me descubro lleno de ti

Nunca harto de tus besos

Que se desparraman en el plato

De lágrimas que ha sido mi vida

En tu ausencia.

 

Cazador infortunado

Te multiplicas en la mira de mi apetito

Apenas contenido con puñados

De sombras ensalivadas

Maga

Es hora que regreses a mis sueños.

Haz que esta pierna de cordero

Sepa a ti. Aliméntame.

Aunque ahora sé que también de sueños

Vive el hombre.

Nútreme

Sé mi sustento

Dale vida a esta muerte

Y regrésame a los olores de siempre

Cuando no había preámbulo para hacer hambre

Y el apetito de ti nunca me faltaba.

 

En estos días por venir

Mi presentida Maga

Beberé de tu fotografía y me inocularé

El veneno de tu imagen

Para estar a tu altura y ser uno solo.

Así comeré de mis brazos

Y de mis piernas alimentándome de ti

Y seremos un solo recuerdo

Y una sola imagen,

Y cuando hablen de ti hablarán de mí

Y dirán…

 

                                           José Alfredo Escobar.

 

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

 

 

Bibliografía propuesta.

Jorge Magariño, Víctor Terán. “Laguna Superior” Poetas del Istmo Oaxaqueño. Editorial Gubidxa Soo, México 2008, 220 páginas con ilustración.

 

Ilustración.

Garza y cocodrilo. Francisco Toledo.

 

 

 

2 comentarios

Archivado bajo Poesía

Aquí me pongo a cantar.

 

¡Canto gaucho a puro galope!

De aquel <<turco>> argentino, de ésos pájaros tristes y su alegre trinar; de éste pecho paisano que no vacila en guardar el llanto. Porque así como Cafrune, aquí me pongo a cantar.

 

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que al hombre que lo desvela
una pena estraordinaria,
como el ave solitaria,
con el cantar se consuela.

Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento;
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me refresquen la memoria
y aclaren mi pensamiento.

Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar;
nada lo hace recular
ni las fantasmas lo espantan;
y dende que otros cantan
yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar,
y cantando yo he de llegar
al pie del Eterno Padre:
dende el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar.

Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman;
naides me pone el pie encima,
y cuando el pecho se entona,
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo
y toraso en rodeo ajeno;
siempre me tuve por güeno,
y si me quieren probar,
salgan otros a cantar
y veremos quién es menos.

No me hago al lao de la huella
ni aunque vengan degollando;
con los blandos yo soy blando
y soy duro con los duros,
y ninguno en un apuro
me ha visto andar titubiando.

En el peligro ¡ qué Cristo ¡
el corazón se me enancha
pues toda la tierra es cancha,
y de esto naides se asombre:
que el que se tiene por hombre
donde quiera hace patancha.

Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.

Ninguno me hable de penas,
porque yo penando vivo,
y naides se muestre altivo
aunque en el estribo esté,
que suele quedarse a pie
el gaucho más alvertido.

Junta esperencia en la vida
hasta pa dar y prestar
quien la tiene que pasar
entre sufrimiento y llanto,
porque nada enseña tanto
como el sufrir y el llorar.

Viene el hombre ciego al mundo,
cuartiando la esperanza,
a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias a empujones.
¡ La pucha ¡ que trae lociones
el tiempo con sus mudanzas.

Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía
y su ranchito tenía
y sus hijos y mujer.
Era una delicia ver
cómo pasaba sus días.

Y apenas la madrugada
empezaba a coloriar,
los pájaros a cantar
y las gallinas a apiarse,
era cosa de largarse
cada cual a trabajar.

Y allí el gaucho inteligente
en cuanto el potro enriendó
los cueros le acomodó
y se le sentó enseguida,
que el hombre muestra en la vida
la astucia que Dios le dio.

Y en las playas corcobiando
pedazos se hacía el sotreta,
mientras él por las paletas
le jugaba las lloronas,
y al ruido de las caronas
salía haciéndose gambetas.

¡ Ah tiempos ¡… Si era un orgullo
ver ginetiando un paisano.
Cuando era gaucho baquiano
aunque el potro se boliase
no había uno que no parase
con el cabestro en la mano.

Recuerdo… ¡ qué maravilla ¡
cómo andaba la gauchada,
siempre alegre y bien montada
y dispuesta pa el trabajo…
Pero hoy en día… ¡ barajo ¡
No se la ve de aporriada.

El gaucho más infeliz
tenía tropilla de un pelo;
no le faltaba un consuelo
y andaba la gente lista…
tendiendo al campo la vista,
sólo vía hacienda y cielo.

 

 Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar,
y cantando yo he de llegar
al pie del Eterno Padre:
dende el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Poesía

Enamorado de Cortázar.

 

Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose una a una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol
o tal vez
el amor.

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Poesía

Les cigars…

 

El primero se enciende con nueva llama

Consumiéndose livianamente, suave y gracioso,

En él, un manojo de oprobio,  otro de afrenta,

Uno más de desdoro y grave menoscabo,

Uno de esperanza enjaulada con lágrimas dulces

De impotencia.

 

El segundo es el fiel compañero,

Parece eterno, inextinguible, pequeño titán…

Ése amigo que atiza el sexo y las fantasías,

El mismo que con danzante efluvio apenas roza

Las mejillas.

 

¿El tercero? ¿El cuarto? ¿El Quinto?

¿Cuántos más hay que abrazar para apagar

con fuego un dolor gélido?

¿Cuántos para reír desgracias y sollozar aciertos?

 

Cigarrillo-hombre, cigarrillo-mujer, penas <<le cigar>>

Vida-cigarro, vida humeante, efímera casi intangible…

Cenizas que al viento se van, se van, “se va”…

 

La ilusión fiambre está;

El tabaco consumido, desaparecido, invisible.

 

Les cigars, les cigars, les cigars…

 

© Josías Mumenthey.

Deja un comentario

Archivado bajo Poesía