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A una forjadora.

A una forjadora.

…Cómo querer rescatarlos deprisa, cuando las ruedas del cambio van lentamente. Se incorpora la idea simple de comenzar con la tierra que está bajo los pies de nuestros hijos.

Nos une hoy el reconocimiento profundo al trabajo incesante y dedicado de un ser magnífico, un vistazo plausible al ojo público porque creemos que tal galardón no debe pasar desapercibido. Siendo la dádiva, el laurel que corona los sacrificios y el honor que de tus entrañas ha salido ¡Oh madre!

A ella decimos:

Tu travesía en el arte de la forja de principios y valores circundó treinta y tres ciclos, mismos que vieron la danza del astro rey, siendo sus reflejos de luz los que dictaron ideales con un rumbo fijo; esos que solo entienden los verdaderos obreros del progreso humano, esos que los artífices de la virtud traducen como la esperanza de una espléndida nueva aurora, en la cual deben encarnarse y resplandecer todos los anhelos. Así teñiste Tú, Austreberta Mummenthey, tu desempeño frente al germen de las nuevas plantas; así las regaste en un rigor quedo, en una ternura firme y al sereno del alba.

Testigos somos de la entrega y entera disposición al trabajo diligente y perseverante que en espíritu, alma y cuerpo llevaste en la labor de construir y educar.

Con beneplácito y honores recordamos las palabras de aquella pluma que ata a tus raíces en un manojo lúcido y sencillo, aquel que fuese el canto de tus penares ante boquirrubios y bellacos; y que viera a la chispa del sentido deber convertirse en antorcha durante la oscura noche.

 

La nieve, la lluvia,

El viento enfrente,

Contra nieblas

Y nubes,

¡Adelante! ¡Adelante!

¡Incansablemente!

Tus hijos: Hypatia, Bryand y Josías.

 


 

 

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Embrión de la muerte.

13:11 horas. Noviembre 2, 2010.

Al abrir los ojos me doy cuenta lo tarde que es; sin embargo echo un vistazo a la ventana y el día parece quebrado, distante y ajeno. Se escucha a la lejanía el cantar de los gallos, pasada su hora, en una mezcla con el viento que trae los trozos de nubes grises que no llevan agua esta ocasión. Las campanas del pueblo chocan en un vaivén de cinco repeticiones por compás y su sonido es similar al de los grilletes que arrastra la pena. Hay por allí algún necio a la constante de hoy que niega la infinita tristeza que se respira, y escapando a tal, arroja un par de cohetones que irrumpen el luto con un tronido digno de cualquier tromba.

Es como si hubiese una bruma invisible sinónimo del regaño de los muertos viejos; porque ayer, en el día de los chiquitos, el sol repiqueteó en un delicioso calor diurno. ¿Será a caso que ni pintando de chillantes colores las tumbas del calvario, se pueda calmar la ira del averno por los tantos muertos que le pertenecen? ¿O es que hay necesidad de ir colgando los <espíritusanto> cruz por cruz?

Por mi cuenta, he guardado preludio hace ya cuatro días, mis intentos inútiles por desdoblarme en un viaje carente de razón para muchos tal vez, en el lapso que las estrellas dictan como abierta una puerta. Buscando a mis muertos, buscando sus olvidadas moradas, buscando en la palíndroma de la zorra, dando vueltas en círculos que no se conectan por alguna secante siquiera. El precio por asirse de una memoria perdida es el mismo que tendría que pagar por un viaje a la luna. Mi cabeza se mancha del humo de mi cigarro y del que produce la frustración, de allí que Francisco Hernández lo definiera en una pareja de versos:

 

Es el recuerdo

Que vive en la impaciencia de la hoguera.

 

Siempre he notado como dato curioso que en casa nunca se montó altar alguno. De muertos: solo la madre de mi padre; pero la relación fue difícil y ni una caña se le dedica.

¿Será después de todo que al embrión de la muerte se le llame soledad*? ¿Y que resulte como lo escribió el poeta aquel?

 

Arrojar

Una piedra en la noche.

 

Cierro a la salud del licor de anís que ha preparado para este día la matrona de mis bocados en la estadía temporal por esta tierra de montes arrugados. Pensando y llorando al interior, como cura que me alivie por un momento proclamo mi propio evangelio: “Morir en la muerte y no mientras se viva”.

 

Oscuridad eterna

 

―El que se muere

¿qué siente?

―Que le apagan la luz

para siempre.

 

Cempasúchitl.


 

* Obsérvese el largometraje “Seul contre tous”, Gaspar Noé, 1998. Fragmento del rodaje que va del 14:27 al 22:04

Bibliografía.

Fonseca Rodolfo, Huerta David, Rod Gerardo; “Circo Poético: Antología de poesía mexicana del siglo XX”; SM de ediciones; México 2003; 191 páginas con ilustraciones de Felipe Ugalde.

Poemas:

“Oscuridad eterna” de Elías Nandino.

Diccionario poético.

Humo de Francisco Hernández.

Morir de José Carlos Becerra.

Fotografía.

http://www.flickr.com/photos/coloresdepuebla/5127712476/sizes/z/in/pool-94318660@N00/

 

 

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Encuesta Marzo.

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Benemérito de las Américas.

Hemos entrado ya a un nuevo mes en la marcha vulgar, uno en el que la alegría humana parece reverdecerse ante el jugueteo de la luz cenital de primavera. ¡Qué gozo sentir el calor del Astro Rey!

Así también será el no muy lejano día veintiuno, la conmemoración del Natalicio de aquel Benemérito de las Américas, figura por la que me siento empujado a lanzar esta entrada, primero por el hecho de compartir un origen campirano y humilde (convirtiéndome en un hijo de la Antigua Antequera), como por haber sido forjado académicamente en una institución que pese a su raquítica visión de laicismo, quizá nula, irónicamente posee por nombre  aquel Noble Título Humanista que le fue otorgado al Hombre Juárez. Ello me lleva a compartir una reseña leída que abofetea el curso de mi juventud, dando un peso en la red echada al agua para así poder atrapar los peces ocultos.


A manera de Prólogo.

Hace ciento veintiún años Don Guillermo Prieto, pronunciaría uno de los más bellos discursos que en torno a Juárez se hayan dicho. Un liberal del siglo XIX, hablaba de la grandeza del Benemérito de las Américas, hoy, modestamente otro liberal pretende exponer unas líneas que sirvan como presentación de ese bello discurso.

Qué lástima que el tiempo haya terminado por enterrar en la memoria de los jóvenes a los grandes hombres de la Reforma; qué lástima que las generaciones de hoy, ignorando su historia patria, hayan terminado por enterrar los logros de tan ilustres mexicanos. Quizás cobre vigencia la sentencia lapidaria que el tiempo nos confirma de que “…los hijos de los revolucionarios rara vez son revolucionarios…” como expresara alguna vez Andrés Serra Rojas y cómo pedir a las generaciones de hoy, que defiendan los triunfos jurídicos de la Reforma, cuando ignoran lo más elemental de la historia de México.

Don Guillermo Prieto, liberal destacado de la generación de la Reforma fue periodista, poeta, parlamentario, un gran hombre destacado en la literatura, reconocido como maestro por la gente de su época. Como liberal fue un hombre cuya filosofía se reflejó en una actitud tendiente a favorecer el desenvolvimiento humano eliminando todas aquellas creencias que restringían el desarrollo de los seres humanos. Si ésta era su filosofía hacia el individuo, con mayor razón su liberalismo se reflejaría para la formación de un gobierno cuya política fuera favorable a la libertad individual. El liberalismo fue la filosofía de una generación cansada del feudalismo y absolutismo mezclados, que imperaban en el país, como lo expusiera Alfonso Sierra Partida.

La actuación de los liberales durante el siglo XIX no fue sencilla, por el contrario fue una de las más difíciles de las cuales se tenga memoria; la obra máxima, que fue la Constitución de 1857, fue la bandera jurídica y de identidad que logró que el Estado Mexicano que había surgido en la Constitución del 24, se convirtiera por fin en PATRIA. Qué lejano está el tiempo en que el Constituyente del 56-57 debatiera sobre temas que harían surgir un país diferente sin ataduras oscurantistas; qué lejos quedaron las palabras del Nigromante, cuando expresaba que el hombre escudándose en el derecho divino, ha considerado a su hermano como un efecto mercantil y lo ha vendido. Sin embargo la carta fundamental referida, se enfrentó a muchos detractores, en una época, en que como hoy se repite, la política se fraguaba en los conventos. Fue en este siglo donde los liberales hicieron de su pluma espada, látigo que cayó sobre las espaldas de los déspotas, de los opresores de la libertad humana.

Cuando Comonfort fue incapaz de sostener la Constitución del 57, Juárez y los hombres de la Reforma la sostuvieron en un episodio doloroso contra los conservadores y la iglesia que se lanzaron en contra de la constitución, ya que afectaba sus intereses económicos y de poder.

El siglo XIX, fue sin duda el siglo de los hombres más preclaros de nuestra historia, fueron ríos de sangre los que corrieron para darnos libertad, para arrebatarle al clero y al ejército sus privilegios. Vergüenza debe darnos en este siglo XXI que hubo liberales cuyo silencio cómplice avaló la reforma constitucional que le devolvió al clero sus privilegios; que los liberales de hoy han permanecido mudos ante la inminente entrega de la fuerza y el poder al ejército. Que existan liberales moderados, que olvidaron que en el siglo XIX, fueron los moderados los que más daño hicieron al país; que vivimos en el retorno de muchos acontecimientos, y que como ayer, habemos liberales dispuestos a luchar y a combatir a los reaccionarios, aunque tengamos que abrirnos paso entre los propios hermanos de ideología liberal, para ellos teórica. Cierto es que no podemos exaltar el pasado y hacerlo inamovible, pero tampoco podemos olvidar que el porvenir del país requiere de pensamiento político íntegro, filosófico y de valores, basados en nuestra filosofía que llevó al país a un desarrollo, y del cual, hoy enfrentamos un gran retroceso.

Los conservadores odian las libertades, por ello hoy, para que el pueblo no se rebele invocan la tolerancia para garantizar que el clero haga política, es protegida por la policía federal la catedral metropolitana; para justificar la represión, el ejército aparentemente lucha contra el narcotráfico y se viola nuestra garantía de tránsito.

Lejos está la generación que representó la síntesis de las principales instituciones que quedaron consagradas en la constitución del 57 y las leyes de Reforma; quizás debamos volver a los orígenes para crear una nueva conciencia nacional, quizás debamos retornar a la literatura a través de la novela o la poesía como lo hicieron Ignacio Ramírez, Altamirano o Guillermo Prieto, quizás el retorno al periodismo comprometido con las causas sociales y no con los intereses económicos de los grupos del poder sean la semilla que deba hacer germinar nuevamente la conciencia nacional, quizás sean hombres íntegros comprometidos con la patria y no con los intereses partidistas y económicos los que deban llegar a las cámaras que legislen a favor del pueblo, pero mientras los hombres no respondan a estos principios básicos, estaremos enfrentándonos todos los días a los apátridas que ven en el poder el botín temporal de enriquecimiento, y mientras esto continúe, no podremos creer ni en legisladores, ni en un poder ejecutivo y menos aun y esto resulta preocupante, en un poder judicial que debiera defender las leyes y que hoy en día sirve a los intereses de las oligarquías plutocráticas.

Pese a mis grandes deseos de que surjan los nuevos Hombres de las Reforma acordes al siglo XXI, estoy seguro que no se repetirá en la Historia de México episodio al menos parecido al que vivimos en el siglo XIX, con hombres de talento, de principios, de valores que abracen sin intereses personales   las causas justas producto de las revoluciones. Los principios constitucionales que nos dieron vida como Estado tales como la Soberanía, el Federalismo y la auténtica separación de poderes pasarán a formar parte de la historia, mientras los conservadores, los reaccionarios, los enemigos de la libertad continúen en el poder.

Guillermo Prieto, nos hizo vibrar con su discurso, y nos hizo recordar el por qué de la gloria de un gran hombre: JUÁREZ. Ojalá logremos rescatar para las nuevas generaciones, no solo la memoria de los grandes patriotas, sino sus obras, y así, cuando en un día como hoy, se tenga que hacer un alto para conmemorar un año más de ausencia de los héroes, coincidiremos con Sierra Partida en que “…la muerte es la vida misma. Y solo los muertos pueden vivir eternamente.”


Lic. Carlos De la Rosa Jiménez

México, D.F., Julio de 2008.


EN NOMBRE DE LOS QUE ACOMPAÑARON A JUÁREZ HASTA PASO DEL NORTE*


A los destemplados alaridos de la calumnia, a las emponzoñadas diatribas del odio, a las profanaciones sacrílegas contra esa tumba y esas cenizas que santifican el nombre esclarecido de Juárez, contesta hoy el pueblo mexicano en masa, engalanando a la muerte con los arreos de la gloria, y prorrumpiendo en el Te Deum triunfal de su victoriosa inmortalidad.

Esto hace patente, que para México, Juárez, más que un hombre es un símbolo; más que una individualidad, un vínculo; más que una memoria, la bandera de los hombres libres que proclaman independencia y patria.

La fe en la patria, la inquebrantable aspiración a su progreso, el olvido del interés personal por el bien público; ésa es la genuina representación de Juárez, y por eso, no los sabios ni las clases privilegiadas; no los cortesanos del poder y la fortuna sino el pueblo menesteroso y doliente, se lo apropia, lo bendice, y ensalza como a un bienhechor y como a un padre.

De una masa anónima de seres infelices, de bárbaros, de esclavos, de desechos sociales, de hilachas semienterradas en la degradación, Juárez quiso hacer un pueblo y enseñó el camino, derramando sobre ese hacinamiento de miserias, el soplo vivificador del derecho y la luz indeficiente de su reivindicación.

En ese alfolí de indignidades, estaba el soldado, máquina, materia prima de todas las tiranías, el siervo del terruño, origen de la riqueza, lo propio que el agio de muchos de nuestros nobles, los fanáticos, erario fecundo de la desvergonzada simonía; y del fermento de esas impurezas, flotaban el derecho divino, el privilegio, la faena, la tortura, el secuestro del pensamiento y la implacable estrangulación de la conciencia.

En vano las tempestades de la redentora revolución francesa, habían derramado el polen de los derechos del hombre, en las eléctricas corrientes de la razón por todos los ángulos de la tierra; en vano desde lo alto de los patíbulos, los mártires de la libertad, con sus labios trémulos y levantando sus manos encadenadas, corrían de pueblo en pueblo la palabra de la reivindicación, México, aun independiente, apenas pudo lograr que sus hijos eminentes dejaran mal trazadas las etapas de su regeneración fundamental.

Realizar, hacer efectivo y tangible ese ideal de libertad que integra al hombre a su ser casi divino; ese sueño de igualdad que ensalza el trabajo, el talento y las sólidas virtudes; esa justicia que distingue a Dios del fariseo que lo vuelve su maniquí, al soldado del verdugo, al prócer del farsante, realizar, debemos esa grande obra, a Juárez estaba reservado, y Juárez la quiso y la supo consumar inflexible, con fe sublime y con esfuerzo titánico.

Y sean cuales fueren los defectos de su personalidad, y encarnezcase cuanto se quiera el rencor hincado su diente en su memoria nacerá y se renovará inextinguible el amor a Juárez, mientras quede un átomo de dignidad en las almas y una sola gota de sangre en el corazón de los verdaderos patriotas.

Así pues, para que triunfe la detractación a Juárez, se tiene que probar que la libertad es el mal, que el asesinato, con tal que se le ciña una banda, es el heroísmo; que el robo, con tal que lo perpetre un forajido vestido de negro a la cabecera de un moribundo o en un templo, es adquisición legítima, que el plagio con tal que se le cambie el nombre, es el bien, que el embrollo es recurso judicial; que el abandono y la crueldad con el niño, se santifican si el sacerdocio los solapa; o si asoma a esa cuna inocente la herejía; que los patíbulos que levanta la conveniencia privada son saludables a los pueblos; que el perjurio es habilidad política; y que la traición hace del vendedor de Jesucristo un modelo que debe incensar la humanidad. Mientras que todo esto no se pruebe, Juárez y su obra, la Reforma, serán el tesoro de los hombres libres, el lábaro del pueblo, su guía y su esperanza de salvación.

Algunos ilusos, parapetándose con el fanatismo, sonríen al futuro triunfo de la impostura, aventuran provocaciones que explotan como mercancías… y se avanzan ¡estúpidos! hasta fingir que perciben en lontananza la complicidad del jefe del Estado… sin recordad que éste nació en el pueblo, que combatiendo su legítima independencia, recibió de su mano esos títulos de legítima gloria, y que sabe bien que cuando las olas de la opinión se alejan del poder, no dejan a su alrededor senderos de flores, sino insondables abismos.

Fijémonos en Juárez: él es como un cartabón que sirve para evidenciar la talla ridícula de los falsos amigos del pueblo; es como piedra de toque que descubre la liga impura de los arbitristas del poder, y con el poder, es un reactivo que denuncia el veneno del filtro emponzoñado de la política contemporizadora. Juárez es un espejo en que se retratan deformes, desnudos y despreciables, muchos de los que aspiran a imponer al pueblo, como títulos de superioridad, su cinismo y su bambolla, ¿Cómo pretendemos que toda esa gente profese culto a la memoria de Juárez?

¡Feliz mil veces yo que contemplé de cerca su grandeza y me bañé con los rayos de sus altas concepciones!

¡Feliz mil veces yo que puedo y esto en aptitud para confusión de sus enemigos, de dar cuenta al mundo del último centavo de los que compusieron su modesta fortuna!

Cuando los horizontes se cerraban con las tinieblas de la desesperación, cuando caían a nuestro paso los hombres sedientos y los soldados aniquilados por la fatiga… cuando la llama del patriotismo se arrastraba moribunda sobre las cenizas que por donde quiera dejaban las traiciones… una palabra de Juárez y su ejemplo, iluminaban nuevos horizontes y nos transportaba a los vergeles de México, reverberando con el sol de la reivindicación de nuestros derechos.

Juárez, en su peregrinación, nunca llevó un pan a su labio, sin participarlo con el último soldado, y atravesaba a pie el desierto para guiarnos con su paso desembarazado y alegre.

Tendía su mano para recibir el préstamo que le asignada la miseria, como el último de sus subordinados.

En el poder sabía como ninguno retractarse de sus errores; en medio de su enojo, se le podía decir: “no tienes razón”, y volvía las riendas de sus ímpetus para acatar sumiso la ley y la justicia. En los grandes conflictos de la nacionalidad, donde se mentaba el nombre de Juárez, se aparecía la patria…

¡Estos recuerdos, señor, forman la corona del pobre, humildísima, que te ofrecemos tus compañeros de Paso del Norte; acéptala, señor, mira que te la presentan los tuyos; que bese tu ropaje de mármol, que te engalane; mira que lleva el calor de nuestros corazones y que la perfuma el incienso de nuestra ternura!

Pueblo de Juárez, ámalo; ámalo y sigue sus huellas, porque él simboliza tus santos derechos y tu idolatrada independencia.


Guillermo Prieto

18 de julio de 1887


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Encuesta de Febrero.

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Oro y Plata.

 

En esta ocasión bajo la tronadora inspiración colectiva, y digo tal adjetivo, ya que el término me parece excelentemente apropiado para justificar el festejo con motivo del inicio del bicentenario, más por lo ridículo que me resulta observar cierto spot en la televisión, donde, la bella dama del lucero (con título de filántropa año tras año) hace extensiva la petición de primicias a una nación que en mi particular postura se resume en la siguiente palabra: modorra. Que de acuerdo a la Real Academia Española en su Diccionario de la Lengua Española en las acepciones segunda, tercera y cuarta, se halla lo siguiente:

2. adj. Dicho de un operario: Que se ha azogado en las minas.

3. adj. Dicho de una fruta: Que pierde el color y empieza a fermentar.

4. adj. Inadvertido, ignorante, que no distingue las cosas.  

¡Fatal y ruin! ¡Sí! la clara faceta de una idiosincrasia que ha perdido el rumbo en su mayor parte; quienes no, ¡benditos sois!

No pretendo lanzar el dedo del escarnio, ni tampoco hacer de este modo de pensar una lista poco madura y reprimida. Sin embargo mi intención como parte de ese todo llamado México y el compromiso personal por amor a ésta a tierra y al sol que me han visto andar descalzo, hace que a continuación lance alguna que otra perífrasis con base a los anteriores puntos.

Del mexicano azogado.

Martes 24 de abril de 2009: AH1N1 “México Responde”. Me pregunto si pudo responder a su pisoteada imagen ante el mundo por el raquítico índice de lectura y la garrafal ortografía, ¿o es que ya poseemos una nueva morfología filológica consistente en números mezclados con letras? Si ha respondido a la martingala sucia y abyecta del grupillo de poder que formuló en plena “alerta sanitaria” sus nuevos gravámenes y así colocarlo en las paupérrimas listas de ingresos. Me pregunto también dónde radica la milagrosa dosis de solución, si el domingo 26 de julio del mismo año, cual varita mágica desapareciera el altísimo factor de riesgo por contagio, al leerse en algunos diarios los siguientes balazos anímicos: “…el Tri se elevó a los cielos y llevó al éxtasis a millones de mexicanos que gozaron una victoria sublime: México 5, Estados Unidos 0” si aquellos compatriotas que sintieron la revolución verde en suelo yankee; mismos que curiosamente al regresar al “sucio” pueblo del que salieron adoptan una actitud (en ciertos casos) despectiva. Estados Unidos de Norteamérica, vaya gran nación…

El mexicano acelerado por la pandemia de la nueva crisis mundial, ¿será porque se halla hasta el tope de créditos con miras a superfluos quereres y sentirse en el glamour ibérico de la temporada otoño-invierno?

El mexicano agitado, histérico y a la vez amedrentado por una guerra de mafias narco-políticas manejadas por aquel de las manos limpias. ¡Ay Felipe! Si hubieses tenido una poca de prudencia tal cual tu homónimo, aquel “Nuevo Rey Salomón”.

Del mexicano que pierde el color.

No hay tanta necesidad de echar palabrería, básteme decir que hoy, nosotros los indios tememos ser indios. Nosotros los patarrajadas hemos cambiado el humilde huarache por los más alternativos modelos de catálogo y recibir un nuevo concepto de imagen que resulta curioso al juego de palabras; hoy dejamos de ser indios para yacer <<indies>>.

De la cuarta acepción.

A ella añadiría una palabra más y sus dos ramificaciones, a saber, sopor superficial y sopor profundo. Que según el moderno apparatus cibernético “Wikipedia” (lo que diría de tal Arias Montano) se entiende por ello:

El sopor es una condición en la que una persona parece estar durmiendo. Existen dos tipos:

  • superficial, si al estimularlo despierta, pero no se logra que llegue a la lucidez y actúa desorientado (como si estuviera obnubilado), respondiendo escuetamente preguntas simples. Al dejarlo tranquilo, la persona vuelve a dormirse.
  • profundo, si es necesario aplicar estímulos dolorosos para lograr que abra los ojos o mueva las extremidades (respuesta de defensa).

 

Dejo abierta la pregunta, al criterio de quien tenga a bien leer. ¿Qué hacer ante el sopor del mexicano?

 

¡Salud por nuestras felices fiestas bicentenarias!

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

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Pronto será Navidad.

 

 

¿Qué es lo que a dioses

Y hombres separa?

Que muchas ondas

De aquellos vienen

Y su corriente

Como una ola eterna,

Nos traga, nos alza

Y nos apaga.

 

En estas fechas decembrinas de agitado andar por los centros comerciales, de refunfuñantes rostros por el mal cobro de unos números inscritos en papel moneda y la imperiosa necesidad de lucir lo mejor , nace la siguiente interrogante: ¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué la dichosa prisa de expedir dineros en compras a veces con el adjetivo calificativo de vacías? ¿Por qué o por quién? De allí que muchos peguemos el grito y como respuestas inmediatas se tengan las siguientes, por citar algunos ejemplos: – es por pasar la navidad en compañía de nuestros seres amados y ellos como nosotros merecemos lo mejor en estos días de asueto- o bien -porque se aproxima la nochebuena y hay que celebrar-

Y es que muchos dirán obviamente que la razón que lo justifica radica en un  hecho que propicia la unión más entrañable que pueda existir, a saber, la de la familia. Misma que es aplaudible ante la crisis emocional que ataca dicha célula actualmente (no es mi postura la de ser un clasiquero y “mocho” defensor de las costumbres impuestas). Muchos otros podrán dibujar la celebración en la estadía con amistades y la reflexión en los hechos acontecidos a través de un año. Otros tantos como mera excusa para pasarla bien al sonar de las botellas y el escape en las danzas que marcan los compases del reproductor de discos compactos.

Pasa tan desapercibido el significado de estas fechas y henos aquí, pronto será Navidad (fecha en la que en el más estricto análisis cronológico  divergen variadas posturas de credo y ciencia, llevándola a otros puntos en el calendario, hecho que no voy a discutir por la sencilla palabra llamada: Tolerancia).

Navidad o nacimiento, noche de bendición, misa de Cristo…

Una fecha que se nos ha sido dada como herencia inmediata por el cristianismo, la que marcó el advenimiento de Yeshúa, un Salvador para  todos los hombres según la postura eclesiástica. Entonces, ¿Quién fue Jesús de Nazaret?

Lejos de propiciar una respuesta como verdad única y reclamo ideológico universal, presento mi concepto sobre tal Supremo Maestro dejando fluir libremente mi Fe, misma que no está circundada por dogma alguno; sin embargo, enriquecida día a día con brotes y percepciones diversas que son puestas a mi juicio bajo la escuadra de la razón y la íntima conexión con aquel que es conocido como el Gran Arquitecto Del Universo. Para ello deseo citar un breve extracto de las palabras de Edouard Schuré en su obra “Los grandes Iniciados”, específicamente en el primer apartado llamado: El estado del mundo al nacimiento de Jesús.

La descomposición social y política de Grecia fue la consecuencia de su descomposición religiosa, moral e intelectual. Apolo, el verbo solar, la manifestación del Dios supremo y del mundo supraterrestre por la belleza, la justicia y la adivinación, se calla. Ya no hay más oráculos, más inspirados, más verdaderos poetas: Minerva-Sabiduría y Providencia, se vela ante su pueblo transformado en sátiro, que profana los Misterios, insulta a los sabios y a los dioses, en el teatro de Baco, en las farsas aristofanescas. Los misterios mismos se corrompen, pues se admite a las sicofantes y a las cortesanas en las fiestas de Eleusis. Cuando el alma se espesa, la religión se vuelve idólatra; cuando el pensamiento se materializa, la filosofía cae en el escepticismo.

Volteemos un instante a nuestro alrededor y hallaremos sorpresivamente aquella Grecia en suelo tenochca.

Jesús de Nazaret, su concepción y nacimiento.

Para algunos, hijo de un pobre carpintero, niño concebido por la gracia del Espíritu Santo, como en acto mágico y espontáneo. Para otros, producto divino de la unión sexual de Elohim y María, siendo ésta cubierta por el manto protector del Santo Espíritu (ver “Jesús el Cristo” de James Talmage). Para algunos más, la incorporación del ser etéreo del Altísimo en el vaso escogido de una virgen (ver “Jesús y los Esenios” de Schuré).

Su humilde llegada al mundo en un pesebre dictado como el fiel cumplimiento profético de Isaías y varios patriarcas, nos recuerda que aquellos escogidos comenzaron a construir su Reinado Universal en un carácter de discreto silencio y “oscuro”  sentido de preparación.

“Saldrá un brote del tronco de Jessé, un vástago saldrá de sus raíces, y el Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, el Espíritu de Consejo y de Fuerza, el Espíritu de Ciencia y de Temor del Eterno. Juzgará con justicia a los pequeños y condenará con rectitud para mantener a los buenos sobre la tierra; y castigará a la tierra con el látigo y la boca y hará morir al malvado por el espíritu de sus labios”.

¿Recordamos pues en nuestras mesas, en tal fecha, la esencia de quien tomamos como Salvador? ¿Nos damos a la tarea de una simbólica reflexión crítica y honesta para con nosotros y los nuestros? ¿O es que asumimos el papel de cortesanos y sátiros, callando la llama de la fe (no importando la línea religiosa) y espesando la clara luz de la enseñanza cristiana?

Creo sin duda alguna en el poder tangible de la fraternidad, aquella que se esconde detrás de las enseñanzas del Maestro. Aquella que a su llegada fuere anunciada con inspiración y tono de mansedumbre, que debe recordarnos el carácter ascético de la creencia en un ser Divino. Bien lo tuvo a sacar de sus labios un ángel mensajero:

 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Pienso que mucho más allá de la búsqueda del bienestar material (ambición que no es dañina cuando se sabe dar prioridad a los más nobles pensamientos y valores) y de la adopción a veces inconsciente de las corrientes en boga por el continuo bombardeo mediático; debemos hacer una pausa concienzuda, sentarnos a mirar en rededor, probar la Sal del Supremo Maestro, permitirnos ser un puño de Sal que de sabor a la tierra, en ésta era del vacío (según Gilles Lipovetsky). Permitamos el sentimiento humano, no con hechos extremistas, veamos el espacio inmediato a nuestras narices. Si bien decimos “Soy católico, o bien mormón, o bien solo creo…” dejemos a un lado ése infortunio liviano y frívolo. Bien lo escribió Sartré el existencialista:

¿Hay algo más desengañado que decir la caridad bien entendida empieza por casa, o bien al villano con la vara del avellano?

De los Evangelios apócrifos se desprende una enseñanza hermosa de aquel Príncipe de Paz, con la cual doy por finalizado éste sentir.

Un día, Jesús, que había salido de su casa, recorría, solo, el país de los galileos. Y, habiendo llegado a una aldea, que se llamaba Buboron o Buasboroín, encontró allí a un hombre de treinta años, que estaba muy incomodado por la vehemencia de su mal, y que yacía tendido sobre su lecho. Cuando Jesús lo vio, se compadeció de él, y le preguntó: ¿De qué raza eres? El hombre repuso: De raza siria y del país de los sirios. Jesús añadió: ¿Tienes todavía padre y madre? El hombre dijo: Sí, y mis padres me han expulsado de su hogar. Errante ando por doquiera, para buscar mi sustento diario, mas no poseo domicilio en parte alguna. Jesús inquirió: ¿Y cómo has podido salir de tu país? Respondió el hombre: Se me trataba, unas veces contra salario, y otras para pagarme. Jesús continuó: ¿Por qué has venido a este país? El hombre contestó: Para pedir limosna, y para subvenir a mis necesidades materiales. Y Jesús sentenció con gravedad: Si soportas con calma tus tormentos, encontrarás más tarde el reposo. A lo que el hombre replicó: Pueda o no pueda, los soporto y los acepto con júbilo.

Y Jesús dijo: ¿A qué dios sirves? El hombre repuso: Al dios Pathea. Y Jesús le preguntó: ¿Encuentras, pues justo que te halles en este estado? El hombre manifestó: He oído decir a mis padres que ese dios es el dios de los sirios, y que puede hacer a los hombres todo lo que le place. Interrogó Jesús: ¿Cuál es tu nombre? El hombre dijo: Hiram. Y Jesús lo conminó, diciendo: Si quieres curarte, abandona ese error. Hiram dijo: ¿Y cómo he de dar crédito a tu propuesta? Porque tú eres todavía un niño, mientras que yo soy ya un varón adulto. Y Jesús le preguntó: El dios de tu culto ¿tiene el poder de devolverte la salud y la vida por una simple palabra? Y Jesús añadió: Si crees de todo corazón, y si confiesas que hay un Dios del cielo y de la tierra, que ha creado el mundo y el hombre, tal Dios es capaz de curarte. Hiram apuntó: No he oído hablar de él. Jesús dijo: Sea. Pero cree sencillamente, y tu alma vivirá. Hiram le preguntó: ¿Y cómo hacer ese acto de fe?

Respondió Jesús: He aquí la fórmula. Creo que es un Dios muy alto, el Padre creador de toda cosa, y creo en su Hijo único y en el Espíritu Santo, trinidad y divinidad una y perfecta. Hiram repuso: Creo lo que me dices. Entonces Jesús le habló, interrogándolo: ¿No te has presentado a alguien, para que te cure? E Hiram exclamó: ¿Qué médico podría librarme de tan grave enfermedad? Jesús dijo: Aquel a quien pagues, lo podrá fácilmente. Hiram opuso: Pobre como soy, nada tengo que dar, y nadie hace la caridad gratuitamente. Y Jesús objetó: ¿No has dicho tú mismo antes que has venido de un país lejano, que has recorrido numerosas comarcas, y que has recibido limosnas? ¿Por qué dices ahora falsamente que no tienes con qué pagar? Hiram repuso: ¡Perdona, niño! Lo que te he dicho es que nada tengo que dar, excepto el alimento que recibo al día, y el vestido que me cubre.

Y Jesús, viéndolo llorar, exclamó: ¡Oh hombre, dirígeme tu demanda! ¿Qué puedo hacer por ti? Y respondió Hiram: Haz por mí todo lo que te plazca, y gratifícame con algún socorro. Y Jesús, extendiendo la mano, tomó la suya, y le ordenó: Levántate, yérguete sobre tus pies, y ve en paz. Y, en el mismo momento, el hombre quedó curado de sus males. Y cayó llorando de hinojos ante Jesús, y le hizo la siguiente petición: Señor, si quieres, te seguiré en calidad de discípulo. Mas Jesús le dijo: Vuelve en paz a tu casa, y cuenta todo lo que he hecho por ti en este encuentro. Y el hombre se prosternó de nuevo ante Jesús, y marchó a su país.

 

 

 

  

 

 

Bibliografía propuesta.

Schuré Edouard, “Los grandes Iniciados”.

Talmage James, “Jesús el Cristo”.

Lipovetsky Gilles, “La era del vacío”.

Sartré Jean Paul, “El existencialismo es un humanismo”.

Santa Biblia versión Reina Valera 1960.

 

Fotografías

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