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A una forjadora.

A una forjadora.

…Cómo querer rescatarlos deprisa, cuando las ruedas del cambio van lentamente. Se incorpora la idea simple de comenzar con la tierra que está bajo los pies de nuestros hijos.

Nos une hoy el reconocimiento profundo al trabajo incesante y dedicado de un ser magnífico, un vistazo plausible al ojo público porque creemos que tal galardón no debe pasar desapercibido. Siendo la dádiva, el laurel que corona los sacrificios y el honor que de tus entrañas ha salido ¡Oh madre!

A ella decimos:

Tu travesía en el arte de la forja de principios y valores circundó treinta y tres ciclos, mismos que vieron la danza del astro rey, siendo sus reflejos de luz los que dictaron ideales con un rumbo fijo; esos que solo entienden los verdaderos obreros del progreso humano, esos que los artífices de la virtud traducen como la esperanza de una espléndida nueva aurora, en la cual deben encarnarse y resplandecer todos los anhelos. Así teñiste Tú, Austreberta Mummenthey, tu desempeño frente al germen de las nuevas plantas; así las regaste en un rigor quedo, en una ternura firme y al sereno del alba.

Testigos somos de la entrega y entera disposición al trabajo diligente y perseverante que en espíritu, alma y cuerpo llevaste en la labor de construir y educar.

Con beneplácito y honores recordamos las palabras de aquella pluma que ata a tus raíces en un manojo lúcido y sencillo, aquel que fuese el canto de tus penares ante boquirrubios y bellacos; y que viera a la chispa del sentido deber convertirse en antorcha durante la oscura noche.

 

La nieve, la lluvia,

El viento enfrente,

Contra nieblas

Y nubes,

¡Adelante! ¡Adelante!

¡Incansablemente!

Tus hijos: Hypatia, Bryand y Josías.

 


 

 

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La hierba crece de noche.

   

Reflexión que alguna Mujer compartiera conmigo. 

   

Es cierto: la hierba -como todas las cosas grandes e importantes del mundo- crece de noche, en silencio, sin que nadie la vea crecer. Porque bondad y bien empalman con silencio, así como la estupidez va siempre acompañada del brillo y del estrépito. 

La gran peste de este mundo contemporáneo es que en él, como anuncia Kierkegaard, sólo se conceden altavoces a los necios. Cualquier cretino de turno se casa o se descasa, se pinta el pelo de verde, hace -¡oh milagro!- dos agujeros en los pantalones de las nenas, y ahí están todas las revistas del mundo para contar su prodigiosa hazaña. Pero, en cambio si usted “sólo” ama, “sólo” trabaja, “sólo” piensa y estudia, “sólo” trata de ser honesto, ya puede matarse en hacer todas estas cosas tan poco importantes, que jamás saldrá en la primera página. Cualquier criminal será más importante que usted. Y así es como los hombres de hoy estamos condenados a ver perpetuamente la realidad a través de un espejo deformante. 

Si tres mil cirujanos ponen su alma y sus nervios en aras de sus pacientes, nunca serán noticia. Pero dios libre a uno solo de ellos de equivocarse en uno de sus diagnósticos o en el manejo de sus bisturís: pronto serán los tres mil acusados de carniceros. 

Damos una importancia desmesurada al mal. Invertimos lo mejor de nuestras horas en lamentarnos de él o en combatirlo. y casi ya no nos resta tiempo para construir el bien. 

Sí, henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental. Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen,  pero en el que se nos contará con todo detalle el día en que un hombre muerda a un perro. 

Presiento que aquí está una de las claves de la amargura del hombre contemporáneo: solo vemos el mal, solo parece triunfar la estupidez. 

Esto último no es culpa de la prensa: desde que el mundo es mundo, los tontos han hecho siempre mucho ruido. Y así como cien violentos son capaces de traer en jaque a noventa millones de pacíficos, una docena de infradesarrollados son capaces de poner patas arriba todo lo que los mejores lograron construir a lo largo de siglos. 

Frente a ello nos queda la sonrisa, reírse un poco de la condición humana y de esa ancha zona de tontería que llevamos dentro de  nuestra propia alma. Sonreír, mirarse al espejo, sacarle la lengua a la tontería externa y a la interna…y seguir trabajando. 

Porque esta es la gran verdad: toda la necedad del mundo nunca será capaz de impedir que la hierba siga creciendo de noche…siempre que la hierba sea capaz de seguir creciendo callada y oscuramente, y no caiga también ella en la tentación de envidiar a los ruidosos. 

 José Luis Martín Descalzo. 

   

 

 Fotografía.

http://www.flickr.com/photos/javierpais/3022861496/sizes/o/

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Pronto será Navidad.

 

 

¿Qué es lo que a dioses

Y hombres separa?

Que muchas ondas

De aquellos vienen

Y su corriente

Como una ola eterna,

Nos traga, nos alza

Y nos apaga.

 

En estas fechas decembrinas de agitado andar por los centros comerciales, de refunfuñantes rostros por el mal cobro de unos números inscritos en papel moneda y la imperiosa necesidad de lucir lo mejor , nace la siguiente interrogante: ¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué la dichosa prisa de expedir dineros en compras a veces con el adjetivo calificativo de vacías? ¿Por qué o por quién? De allí que muchos peguemos el grito y como respuestas inmediatas se tengan las siguientes, por citar algunos ejemplos: – es por pasar la navidad en compañía de nuestros seres amados y ellos como nosotros merecemos lo mejor en estos días de asueto- o bien -porque se aproxima la nochebuena y hay que celebrar-

Y es que muchos dirán obviamente que la razón que lo justifica radica en un  hecho que propicia la unión más entrañable que pueda existir, a saber, la de la familia. Misma que es aplaudible ante la crisis emocional que ataca dicha célula actualmente (no es mi postura la de ser un clasiquero y “mocho” defensor de las costumbres impuestas). Muchos otros podrán dibujar la celebración en la estadía con amistades y la reflexión en los hechos acontecidos a través de un año. Otros tantos como mera excusa para pasarla bien al sonar de las botellas y el escape en las danzas que marcan los compases del reproductor de discos compactos.

Pasa tan desapercibido el significado de estas fechas y henos aquí, pronto será Navidad (fecha en la que en el más estricto análisis cronológico  divergen variadas posturas de credo y ciencia, llevándola a otros puntos en el calendario, hecho que no voy a discutir por la sencilla palabra llamada: Tolerancia).

Navidad o nacimiento, noche de bendición, misa de Cristo…

Una fecha que se nos ha sido dada como herencia inmediata por el cristianismo, la que marcó el advenimiento de Yeshúa, un Salvador para  todos los hombres según la postura eclesiástica. Entonces, ¿Quién fue Jesús de Nazaret?

Lejos de propiciar una respuesta como verdad única y reclamo ideológico universal, presento mi concepto sobre tal Supremo Maestro dejando fluir libremente mi Fe, misma que no está circundada por dogma alguno; sin embargo, enriquecida día a día con brotes y percepciones diversas que son puestas a mi juicio bajo la escuadra de la razón y la íntima conexión con aquel que es conocido como el Gran Arquitecto Del Universo. Para ello deseo citar un breve extracto de las palabras de Edouard Schuré en su obra “Los grandes Iniciados”, específicamente en el primer apartado llamado: El estado del mundo al nacimiento de Jesús.

La descomposición social y política de Grecia fue la consecuencia de su descomposición religiosa, moral e intelectual. Apolo, el verbo solar, la manifestación del Dios supremo y del mundo supraterrestre por la belleza, la justicia y la adivinación, se calla. Ya no hay más oráculos, más inspirados, más verdaderos poetas: Minerva-Sabiduría y Providencia, se vela ante su pueblo transformado en sátiro, que profana los Misterios, insulta a los sabios y a los dioses, en el teatro de Baco, en las farsas aristofanescas. Los misterios mismos se corrompen, pues se admite a las sicofantes y a las cortesanas en las fiestas de Eleusis. Cuando el alma se espesa, la religión se vuelve idólatra; cuando el pensamiento se materializa, la filosofía cae en el escepticismo.

Volteemos un instante a nuestro alrededor y hallaremos sorpresivamente aquella Grecia en suelo tenochca.

Jesús de Nazaret, su concepción y nacimiento.

Para algunos, hijo de un pobre carpintero, niño concebido por la gracia del Espíritu Santo, como en acto mágico y espontáneo. Para otros, producto divino de la unión sexual de Elohim y María, siendo ésta cubierta por el manto protector del Santo Espíritu (ver “Jesús el Cristo” de James Talmage). Para algunos más, la incorporación del ser etéreo del Altísimo en el vaso escogido de una virgen (ver “Jesús y los Esenios” de Schuré).

Su humilde llegada al mundo en un pesebre dictado como el fiel cumplimiento profético de Isaías y varios patriarcas, nos recuerda que aquellos escogidos comenzaron a construir su Reinado Universal en un carácter de discreto silencio y “oscuro”  sentido de preparación.

“Saldrá un brote del tronco de Jessé, un vástago saldrá de sus raíces, y el Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, el Espíritu de Consejo y de Fuerza, el Espíritu de Ciencia y de Temor del Eterno. Juzgará con justicia a los pequeños y condenará con rectitud para mantener a los buenos sobre la tierra; y castigará a la tierra con el látigo y la boca y hará morir al malvado por el espíritu de sus labios”.

¿Recordamos pues en nuestras mesas, en tal fecha, la esencia de quien tomamos como Salvador? ¿Nos damos a la tarea de una simbólica reflexión crítica y honesta para con nosotros y los nuestros? ¿O es que asumimos el papel de cortesanos y sátiros, callando la llama de la fe (no importando la línea religiosa) y espesando la clara luz de la enseñanza cristiana?

Creo sin duda alguna en el poder tangible de la fraternidad, aquella que se esconde detrás de las enseñanzas del Maestro. Aquella que a su llegada fuere anunciada con inspiración y tono de mansedumbre, que debe recordarnos el carácter ascético de la creencia en un ser Divino. Bien lo tuvo a sacar de sus labios un ángel mensajero:

 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Pienso que mucho más allá de la búsqueda del bienestar material (ambición que no es dañina cuando se sabe dar prioridad a los más nobles pensamientos y valores) y de la adopción a veces inconsciente de las corrientes en boga por el continuo bombardeo mediático; debemos hacer una pausa concienzuda, sentarnos a mirar en rededor, probar la Sal del Supremo Maestro, permitirnos ser un puño de Sal que de sabor a la tierra, en ésta era del vacío (según Gilles Lipovetsky). Permitamos el sentimiento humano, no con hechos extremistas, veamos el espacio inmediato a nuestras narices. Si bien decimos “Soy católico, o bien mormón, o bien solo creo…” dejemos a un lado ése infortunio liviano y frívolo. Bien lo escribió Sartré el existencialista:

¿Hay algo más desengañado que decir la caridad bien entendida empieza por casa, o bien al villano con la vara del avellano?

De los Evangelios apócrifos se desprende una enseñanza hermosa de aquel Príncipe de Paz, con la cual doy por finalizado éste sentir.

Un día, Jesús, que había salido de su casa, recorría, solo, el país de los galileos. Y, habiendo llegado a una aldea, que se llamaba Buboron o Buasboroín, encontró allí a un hombre de treinta años, que estaba muy incomodado por la vehemencia de su mal, y que yacía tendido sobre su lecho. Cuando Jesús lo vio, se compadeció de él, y le preguntó: ¿De qué raza eres? El hombre repuso: De raza siria y del país de los sirios. Jesús añadió: ¿Tienes todavía padre y madre? El hombre dijo: Sí, y mis padres me han expulsado de su hogar. Errante ando por doquiera, para buscar mi sustento diario, mas no poseo domicilio en parte alguna. Jesús inquirió: ¿Y cómo has podido salir de tu país? Respondió el hombre: Se me trataba, unas veces contra salario, y otras para pagarme. Jesús continuó: ¿Por qué has venido a este país? El hombre contestó: Para pedir limosna, y para subvenir a mis necesidades materiales. Y Jesús sentenció con gravedad: Si soportas con calma tus tormentos, encontrarás más tarde el reposo. A lo que el hombre replicó: Pueda o no pueda, los soporto y los acepto con júbilo.

Y Jesús dijo: ¿A qué dios sirves? El hombre repuso: Al dios Pathea. Y Jesús le preguntó: ¿Encuentras, pues justo que te halles en este estado? El hombre manifestó: He oído decir a mis padres que ese dios es el dios de los sirios, y que puede hacer a los hombres todo lo que le place. Interrogó Jesús: ¿Cuál es tu nombre? El hombre dijo: Hiram. Y Jesús lo conminó, diciendo: Si quieres curarte, abandona ese error. Hiram dijo: ¿Y cómo he de dar crédito a tu propuesta? Porque tú eres todavía un niño, mientras que yo soy ya un varón adulto. Y Jesús le preguntó: El dios de tu culto ¿tiene el poder de devolverte la salud y la vida por una simple palabra? Y Jesús añadió: Si crees de todo corazón, y si confiesas que hay un Dios del cielo y de la tierra, que ha creado el mundo y el hombre, tal Dios es capaz de curarte. Hiram apuntó: No he oído hablar de él. Jesús dijo: Sea. Pero cree sencillamente, y tu alma vivirá. Hiram le preguntó: ¿Y cómo hacer ese acto de fe?

Respondió Jesús: He aquí la fórmula. Creo que es un Dios muy alto, el Padre creador de toda cosa, y creo en su Hijo único y en el Espíritu Santo, trinidad y divinidad una y perfecta. Hiram repuso: Creo lo que me dices. Entonces Jesús le habló, interrogándolo: ¿No te has presentado a alguien, para que te cure? E Hiram exclamó: ¿Qué médico podría librarme de tan grave enfermedad? Jesús dijo: Aquel a quien pagues, lo podrá fácilmente. Hiram opuso: Pobre como soy, nada tengo que dar, y nadie hace la caridad gratuitamente. Y Jesús objetó: ¿No has dicho tú mismo antes que has venido de un país lejano, que has recorrido numerosas comarcas, y que has recibido limosnas? ¿Por qué dices ahora falsamente que no tienes con qué pagar? Hiram repuso: ¡Perdona, niño! Lo que te he dicho es que nada tengo que dar, excepto el alimento que recibo al día, y el vestido que me cubre.

Y Jesús, viéndolo llorar, exclamó: ¡Oh hombre, dirígeme tu demanda! ¿Qué puedo hacer por ti? Y respondió Hiram: Haz por mí todo lo que te plazca, y gratifícame con algún socorro. Y Jesús, extendiendo la mano, tomó la suya, y le ordenó: Levántate, yérguete sobre tus pies, y ve en paz. Y, en el mismo momento, el hombre quedó curado de sus males. Y cayó llorando de hinojos ante Jesús, y le hizo la siguiente petición: Señor, si quieres, te seguiré en calidad de discípulo. Mas Jesús le dijo: Vuelve en paz a tu casa, y cuenta todo lo que he hecho por ti en este encuentro. Y el hombre se prosternó de nuevo ante Jesús, y marchó a su país.

 

 

 

  

 

 

Bibliografía propuesta.

Schuré Edouard, “Los grandes Iniciados”.

Talmage James, “Jesús el Cristo”.

Lipovetsky Gilles, “La era del vacío”.

Sartré Jean Paul, “El existencialismo es un humanismo”.

Santa Biblia versión Reina Valera 1960.

 

Fotografías

http://www.flickr.com/photos/biblarte/3597352193/sizes/l/in/set-72157619202066973/

http://www.flickr.com/photos/norfolkodyssey/sets/72157603493730625/

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Un segundo hijo pródigo.

Hace unos días en “L’abri du pauvre” transcribí un fragmento de las cuatro nobles verdades de Buda:

 

Ver un mundo en un grano de arena

Y un cielo en una flor silvestre.

Tener el infinito en la palma de tu mano

Y la eternidad en una hora.

 

La impactante cápsula en el tiempo, aquella que en particular hallara un segundo hijo pródigo (así autodenominado), hombre sereno de mente crítica y abierto a su propia inserción en un árbol ajeno a su <<Heimat>>.

 Y es que voy a tomar enseguida mi dialecto paisano pa’  poder echar cuartiada en esta ocasión. Porque si bien lo cantó aquel guitarrista que tan profundo toca mi corazón, hay mucho maistro letrao que forra el saco con lo que otro escribió. Así también pajaritos que se entrampan solitos por presumidos; pero éste pajarito del que quiero describir su trino, al vaivén de los caminos muy grande me salió.

Dicen las lenguas del viento sureño que una tarde un gallito colorao buscando la rais de su tata, picaba y picaba entre las piedras. Ya había comido un poquito de alpiste y de mais. Mas cuando su tata caminaba por los surcos, lo veía flotar. ¿Por qué no tiene las patas como la tierra?¿y ande se refleja el agua zarca en sus ojos? se preguntaba. Fue entonces que un rato después viendo las estrellas del cielo en aquel rancho ande vivía y al sereno de la madrugada, se topó con una cajita raspada y usada. Quieto la observó con mucho cuidao sin saber pa’ lo que servía aquello, nomás alvirtió que era de un color como el añil pero ya apagao y con unos herrajes que no tenían sarro. Dentro la cajita había un papelito, que decía muy raro; era un cuento de un árbol imponente ande se condenó la vida de un hombre y a los años se resistía a dejar las ramas caer. La gente de aquel lugar mentao en el papel tuvo miedo de que fuera señal divina porque al pasar las estaciones, echaba la frondosa copa y abajo suyo la fresca sombra.

Aquel gallo guardó bien la caja y olvidándola por muchos meses, topó la entrada del verano. Allá en el Sur es ande llegan las aves corretiadas por el frío de tierras que ni él se imaginaba. Cierta mañana apareció de improvisto un pájaro grande en el patio ande el gallito cantaba; su plumaje no era como el de las chachalacas y las codornices de la región. Era uno parecido al tata, su cuerpo flotaba, nomás que ésta ave quedaba mirando las vacas y aguzaba pa’ poner atención al cercao. En una de ésas, moviendo el ala, el extraño, sigiloso poco a poco se aproximó ande el otro. –Ando buscando un cofre con la semilla que vo’a sembrar. He volao lejos cargando la rama que mi dueño me dio; él, hace mucho salió sin dejar la huella, nomás el pedazo que ya se quiere secar- le dijo. Espantao fue corriendo ande la había escondido, y ya de regreso dejándola caer en el suelo, la rodó con el piquito sucio hasta ande estaba aquel pajarón que esperaba con cierto aire de comodidad. –Nomás quiero preguntarte algo- dijo el gallito, -¿es de buena mata la rama? Pa’ que después también pueda sentarme bajo su sombra al medio día-, la respuesta que recibió fue la más certera: -ven ayúdame a que ésta tenga retoño y verás todo lo bueno que trae consigo-.

Al pájaro que vino del norte, yo podría darle el calificativo de un loco enamorado y versista por afición, mismo que lanza sus líneas a la obsidiana con pechos, en un canto que se lee así:

Hija enfriada y salvaje del fuego volcánico,
Cruzando feroz del jade creador ambiente.
Piedra redonda que chiquea ojo y mano,
Navaja tan afilada del sacrificio sangriente.
Vidrio oscuro con tenebrosos rayos,
Macahuitl decapitando a caballos.

Así pienso viendo a tu cabello oscuro,
Algunos rizos con una luz tenue serpetean
En el oro moreno del crepúsculo cansado,
Reflejos tardes de un sol cayendo hacia mictlán.
Y siento que una punta tan aguda
Había dado en la diana templada.

Sé que tus ojos negros jamás van a cumplirlos
Que la obsidiana con su oscuro lustre ofrece:
La guarda contra magia negra y amores falsos.
Ya zampaste como llegaste y mi vida me parece
Umbria por esa ilusión que me dejaste,
Una esperanza con que no concordaste.

 

Bien decía aquel iniciado magno en la primera estrofa de “Mignon”:

Kennst du das Land, wo die Zitronen blühn,
Im dunkeln Laub die Goldorangen glühn,
Ein sanfter Wind vom blauen Himmel weht,
Die Myrte still und hoch der Lorbeer steht?
Kennst du es wohl?

 

¿Conoces el país donde florece el limonero,

Y entre el follaje oscuro brilla la naranja dorada?

Desde el celeste azul se agita un suave viento,

El mirto y el laurel crecen serenos.

¿Lo conoces?

 

 

Folker Wagner Mumenthey… ¿Hijo pródigo? ¡Legítimo de toda una historia!

 

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

 

 

Fotografías:

© Folker Wagner Mumenthey

 

Poemas:

Obsidiana de F.W.Mumenthey

Mignon de J.W.V. Goethe

 

Sitios de interés:

http://www.folker-wagner-mummenthey.de/blog/?p=64

http://www.folker-wagner-mummenthey.de/blog/?p=32

http://mummenthey.net/

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Sobran las palabras…

 

Quiera Dios un año más de luz y aprendizaje. Por ello doy como entrada mi más entrañable gratitud a mis hermanos y hermanas, quienes brindan de su amor para con el que es conocido como Josías.

Días después, sí, pero aquí las líneas dadas en la alborada del pasado noviembre veintiséis.

  

Qué argumento gris tiene el perfil de las horas lacias,

Desglosando lágrimas de atril, de estériles páginas.

Anda suelto el aire en el pinar, borrando nostalgias,

 Qué extraño fue todo; pa’ qué llorar, si hoy se que me amas.

  

Buscando una forma pa’ poder entrar en sentimiento al dar garabatos en papel para después cobrar sentido frente a un monitor desgastado y nocturno. No pude elegir mejor, fue con Larralde y su guitarra, fue con el pecho abierto a la memoria y los ojos del recuerdo.

“Sobran las palabras” canta José el de barbas canas. Sobran mis palabras para dar grito silencioso a la vida por un año más pisando el suelo, sintiendo el viento, asiendo brazas y contando desvelos. Sobran las lágrimas vertidas sin razón por aquel extraño mundo llamado soledad… y quedan de más por el simple calor de tus brazos que me amarran.

Yo no pido el sucio color de Mammón, yo no ruego miserias pasajeras con tintes escondidos ni falsedades que arrastran los andrajos del interés. Porque como aquella copla paisana bien es cantada:

 

 Pobre nací y pobre vivo
por eso soy delicao.
Estoy con los de mi lao
cinchando tuitos parejos
pa’ hacer nuevo lo que es viejo
y verlo al mundo cambiao.

 

Llegaste con una rara chiribita en una tarde en la que de mala gana andaba yo rodando por las calles. Quieto y curioso te miré. Cayendo directamente en el magnetismo de esos ojos que me tragaron en un instante y que puedo palpar aun como el suave desliz de la ceniza de mi cigarro entre los dedos.

Te dije y hoy lo repito faltándole el respeto al de la “Herencia pa’ un hijo gaucho”, ante la más austera desnudez, ante mi entero sentido de hombría: Te entrego el corazón, mis manos, mi vehemencia; mi ilusión.

 

Sobran las palabras…

 

© Josías Mumenthey.

 

“por un poco de amor, te di mi vida,

por un poco de fe, te di mi sueño,

no puedo darte más, aunque me empeño,

si hasta en tu misma piel

hay sangre mía”.

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Días de Muerte.

 

Pasados los días de fulgor “Cempazúchitl” y olor a recién horneado pan de muerto. Días de poner las mesas adornadas con los gustos del difunto,  donde desfilan de la mano el tequila y el mezcal, donde se acuestan embelesadas las granadas y flanquean los tejocotes  esperando la visita del ánima <<pa’ poder echar el gustito una vez más>>

 

Y es que también quise empaparme de la algarabía que flota entre tanta huesuda catrina y coloridas ofrendas. Recordando aquel vals de Macedonio Alcalá, tan sonado en los pueblos del Sureste cuando se entrega el cuerpo de uno a su madre tierra y halla el cobijo en el calor apacible del seno eterno.

 

 

Muere el sol en los montes

con la luz que agoniza

pues la vida en su prisa

nos conduce a morir

 

Pero no importa saber

que voy a tener el mismo final

porque me queda el consuelo

que Dios nunca morirá

 

 

¡Sí! ¡La fiesta de honrar a la Muerte!

 

Algunos rinden la plegaria en dirección a un personaje, otros tantos como  una parte no exenta en el paso sempiterno del espíritu-éter, otros con el sentido dual de una “muerte viva” que imprime el sello de dolor, agonía y pesado yugo o bien su contraparte; otros muchos como un achacoso y vacuo “trick or treat”…

 

Mi Muerte no es un finito punto al que se reduce un inmediato escarnio por lo hecho en este mundo donde coexisten las dimensiones. Ella representa un período de transición progresiva hacia la Divinidad; ella es la traducción del paso del último grano de arena por el angosto cuello de reloj, no en su finiquito, sino en su reflexión, como si ése grano escapase a un todo conglomerado listo para correr de nueva cuenta. No veo a la pálida parca como un símbolo de horror, sino como el íntimo encierro de “vitriol” (Visita Interiora Terras Rectificatur Invenies Ocultum Lapidum).

 

Pienso que el anterior compositor Oaxaqueño no erró en lo mínimo. Fueron dichas letras, la adecuación del hijo de un pueblo catalogado de <<patarrajada, despreciable y sin educación>> las que evocaron consciente o inconscientemente aquel drama de la fe en el Egipto de antaño, aquella promesa trina de los dioses Osiris-Isis-Horus, de aquella consoladora  frase de un hijo pegada con grito desgarrador en el lecho de los pedazos desmembrados de su padre:

 

“Oh, tú no mueres. ¿Quién ha dicho que habías de morir? ¡Vive! ¡Tú no morirás! ¡Tú vives, tú vives! ¡Levántate! ¡Tú no pereces eternamente! ¡Tú no mueres!”

 

Drama que a la postre cautivó a los hombres antiguos, llegando a ser asido por los ilustres iniciáticos Pitagóricos y Esenios como Jesús el Cristo.  Y de éste último quien más fuerte eco posee en nuestra idiosincrasia, parécenos haber olvidado su pilar filosófico en cuanto a la Muerte. Si bien poseemos una herencia judeocristiana, así también una del tronco común mesoamericano de tiempos precolombinos, mismas que poseen similitudes. Teniendo una de las más significativas en la primera vertiente, la que el mismo “Rey de los judíos” brinda por promesa el hecho de ser coherederos de los frutos del reino y poseer una morada en las mansiones del Padre (recalco mi deslinde a cualquier fila de etiqueta religiosa) encontrándose una peculiar empatía ésta con las investigaciones de Schumacher quien afirma que para los habitantes de Mesoamérica, la vida era sólo un momento pasajero, la muerte era un despertar del sueño presente para ingresar al mundo de los muertos y de los dioses ante quienes los difuntos se presentaban según el tipo de muerte que habían sufrido. Los que morían sacrificados o en la batalla, se convertían en compañeros del sol, al igual que las mujeres que morían en el parto; los que morían ahogados iban a Tlalocan o paraíso de Tlaloc; los niños al morir eran considerados joyas, por lo cual permanecían en la casa de Tonacantecuhtli y las almas elegidas por los dioses permanecían en el Mictlán o inframundo. Para transitar sin contratiempos del mundo de los vivos al de los muertos, estos eran sepultados o cremados con sus pertenencias, comida y agua para el camino y con un perro que los acompañaba. Podemos advertir como obviedades inmediatas el caso de la muerte de los niños, a quienes el Gran Maestro calificó de herederos del cielo. No resulta fuera de órbita que los guerreros fueran compañeros del sol, y nosotros “Guerreros” en las batallas del diario vivir, alberguemos ese drama para convertirnos en compañeros de uno de los símbolos más grandiosos, mismo que se cita en el Nuevo Testamento al hablarse de las Glorias Celestiales por Saulo de Tarso.

 

Para quienes conservamos un sentimiento de creencia en la Deidad, no dejemos pasar por alto que es nuestro el legado de esperanza, no en el cliché de “un mundo mejor” ni en el paradisíaco estado en vida. Hay misterios que pueden ser develados de manera personal. Uno de ellos: la victoria sobre la muerte.

 

  

Cempazuchitl

cempazuchitl

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Pero el camino lo marca el cempasúchitl, frente a la casa, su color amarillo intenso es más visible para las almas que vienen de visita, estas almas que vienen de la obscuridad y los pétalos son como el oro, como la luz intensa y visible.

 

© Josías Mumenthey.

 

Fotografía.

http://www.flickr.com/photos/serchswitch/2992908467/in/photostream/

 

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Vintage sense.

Vintage sense

 .

...

 .

 

Ver un mundo en un grano de arena

Y un Cielo en una flor silvestre.

Tener el infinito en la palma de tu mano

Y la Eternidad en una hora.    

 

Extracto de “Las cuatro nobles Verdades” de Buda. 

 

          

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