De aquel TelKaif.

Hay hombres que sin tanto alarde dejan huella fresca en el sentir del paisanaje aun al paso de los años. Por ello doy a un mundo tan abierto pero a la vez cerrado, mi profunda admiración por un ícono, un genuino y bohemio artífice de arquitecturas y sentires. 

Hoy yace olvidado quizá, pero no por aquellos quienes callados advirtieron su empatía, su toque creativo, humano y emprendedor.

Luis Alejandro Enríquez Habib reminiscencia de aquel Telkaif/Tel-Kepe <<Cerro de las piedras>> (36°29’33” N   43°7’20” E). Heredero de una historia de inmigrantes que llegaron a tierra Istmeña (pedacito olvidado y despreciado por muchos tal vez) mismos que echaron raíces fuertes, notables y de trascendencia a las faldas de otro cerro, el del Ixtle, el del quieto Ixtepec.

“Huicho” el Ingeniero Arquitecto, “Huicho” el capaz, el notorio revolucionario neovernáculo de una región que vió acelerar un proceso estilístico no definido hasta su llegada. “Huicho” el de la guitarra bohemia, el del tacto simpático con aquellas matronas con la usanza de torsales toscos de oro “viejo”,centenarios y reales. “Huicho” el de sensibles esbozos en apuntes perspectivos que enamoraron al paisano en sus policromías y abundantes vistas.

No llevo tu sangre Arquitecto; mas sin embargo tomo la osadía de cantarte mis honores donde quiera que estés. A ti y a tu hijo David quien a tu lado está, compañero de juegos en aquellas noches de trabajo junto a mi padre.

Ninguno como Tú, el de mención honorífica, el de hechura politécnica en una época de férreo amor por los colores del Alma Máter.

No fue en vano que llevases el apelativo Habib; “El amado, el querido”… kurdo añorado.

¡VIVES HUICHO!

 

 

© Josías Mumenthey.

 

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Oro y Plata.

 

En esta ocasión bajo la tronadora inspiración colectiva, y digo tal adjetivo, ya que el término me parece excelentemente apropiado para justificar el festejo con motivo del inicio del bicentenario, más por lo ridículo que me resulta observar cierto spot en la televisión, donde, la bella dama del lucero (con título de filántropa año tras año) hace extensiva la petición de primicias a una nación que en mi particular postura se resume en la siguiente palabra: modorra. Que de acuerdo a la Real Academia Española en su Diccionario de la Lengua Española en las acepciones segunda, tercera y cuarta, se halla lo siguiente:

2. adj. Dicho de un operario: Que se ha azogado en las minas.

3. adj. Dicho de una fruta: Que pierde el color y empieza a fermentar.

4. adj. Inadvertido, ignorante, que no distingue las cosas.  

¡Fatal y ruin! ¡Sí! la clara faceta de una idiosincrasia que ha perdido el rumbo en su mayor parte; quienes no, ¡benditos sois!

No pretendo lanzar el dedo del escarnio, ni tampoco hacer de este modo de pensar una lista poco madura y reprimida. Sin embargo mi intención como parte de ese todo llamado México y el compromiso personal por amor a ésta a tierra y al sol que me han visto andar descalzo, hace que a continuación lance alguna que otra perífrasis con base a los anteriores puntos.

Del mexicano azogado.

Martes 24 de abril de 2009: AH1N1 “México Responde”. Me pregunto si pudo responder a su pisoteada imagen ante el mundo por el raquítico índice de lectura y la garrafal ortografía, ¿o es que ya poseemos una nueva morfología filológica consistente en números mezclados con letras? Si ha respondido a la martingala sucia y abyecta del grupillo de poder que formuló en plena “alerta sanitaria” sus nuevos gravámenes y así colocarlo en las paupérrimas listas de ingresos. Me pregunto también dónde radica la milagrosa dosis de solución, si el domingo 26 de julio del mismo año, cual varita mágica desapareciera el altísimo factor de riesgo por contagio, al leerse en algunos diarios los siguientes balazos anímicos: “…el Tri se elevó a los cielos y llevó al éxtasis a millones de mexicanos que gozaron una victoria sublime: México 5, Estados Unidos 0” si aquellos compatriotas que sintieron la revolución verde en suelo yankee; mismos que curiosamente al regresar al “sucio” pueblo del que salieron adoptan una actitud (en ciertos casos) despectiva. Estados Unidos de Norteamérica, vaya gran nación…

El mexicano acelerado por la pandemia de la nueva crisis mundial, ¿será porque se halla hasta el tope de créditos con miras a superfluos quereres y sentirse en el glamour ibérico de la temporada otoño-invierno?

El mexicano agitado, histérico y a la vez amedrentado por una guerra de mafias narco-políticas manejadas por aquel de las manos limpias. ¡Ay Felipe! Si hubieses tenido una poca de prudencia tal cual tu homónimo, aquel “Nuevo Rey Salomón”.

Del mexicano que pierde el color.

No hay tanta necesidad de echar palabrería, básteme decir que hoy, nosotros los indios tememos ser indios. Nosotros los patarrajadas hemos cambiado el humilde huarache por los más alternativos modelos de catálogo y recibir un nuevo concepto de imagen que resulta curioso al juego de palabras; hoy dejamos de ser indios para yacer <<indies>>.

De la cuarta acepción.

A ella añadiría una palabra más y sus dos ramificaciones, a saber, sopor superficial y sopor profundo. Que según el moderno apparatus cibernético “Wikipedia” (lo que diría de tal Arias Montano) se entiende por ello:

El sopor es una condición en la que una persona parece estar durmiendo. Existen dos tipos:

  • superficial, si al estimularlo despierta, pero no se logra que llegue a la lucidez y actúa desorientado (como si estuviera obnubilado), respondiendo escuetamente preguntas simples. Al dejarlo tranquilo, la persona vuelve a dormirse.
  • profundo, si es necesario aplicar estímulos dolorosos para lograr que abra los ojos o mueva las extremidades (respuesta de defensa).

 

Dejo abierta la pregunta, al criterio de quien tenga a bien leer. ¿Qué hacer ante el sopor del mexicano?

 

¡Salud por nuestras felices fiestas bicentenarias!

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

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Laguna Superior.

Como en cada tarde de pláticas y risas, la de ayer tuvo un sabor distinto. Muchacho llegado de vacaciones al hogar, después de un año de ausencia. Una madre a la que se le ve cansada, con los párpados holgados y una mirada tierna. Ella no quita el dedo de sus bocadillos, sentada en la vieja mesa de jardín, deja salir palabras de cariño y bienaventuranza.

Curioseando, como es de costumbre, en aquel escritorio viejo, observé un nuevo libro del que minutos después, Austreberta, bajo la inspiración melódica de aquellas maderas que cantan con voz de mujer, tomara con sus suaves manos y comenzara a recitar unas cuantas líneas.

Laguna Superior es el título, lleno de color y sentido de poder palpar la suave tierra húmeda de la gente paisana. Me tomaré el atrevimiento de lanzar un extracto de la apertura de dicho libro, así como un poema del mismo, el cual pareciera arrullarme entre las guitarras borrachas del decembrino ocaso oaxaqueño.

 

Presentación.

En Los hombres que dispersó la danza, Andrés Henestrosa incluyó un bello cuento titulado “El Lago de Santa Teresa”. Ahí explica que por la osadía de la Santa, el mar atravesó la cordillera para ahogar a la más bella región que ella había encontrado con el fin de fundar una nueva ciudad. “Antes de morir –apunta Henestrosa- la Santa pidió perdón y Dios refrenó la bravura del océano, y el océano, manso, volvió a su cauce, pero mantuvo dos brazos fuera. Y nosotros les llamamos Lago Superior o de Santa Teresa, al más grande, y Lago Inferior al otro”.

De esa trama de sueño y leyenda, de grandeza y perfección, provienen los autores notables de la presente antología: Laguna Superior, poetas del Istmo Oaxaqueño. Se incluyen aquí poetas istmeños nacidos entre 1943 y 1986; la rigurosa y magnífica selección abarca poemas escritos tanto en español como en diidxazá, la lengua zapoteca. Esta vocación abierta a los idiomas de México engrandece la antología y enaltece a los autores.

México será un mejor país cuando acoja con la misma dignidad a todas las lenguas que entre nosotros florecen.

En otro momento he dicho ya que los zapotecos del Istmo han forjado acaso la tradición literaria moderna más importante de las lenguas indígenas de México. A lo largo de un siglo se han sucedido varias generaciones de escritores cuyas obras han difundido revistas, diarios y colecciones editoriales. Después de autores como Rosendo Pineda, Adolfo C. Gurrión y Enrique Liekens Cerqueda, nacidos todos en el siglo XIX, Andrés Henestrosa, Pancho Nácar y Gabriel López Chiñas, nacidos en la primera década del siglo XX, fueron los istmeños que se consolidaron como una generación de sólidos escritores en lengua materna y, en el caso de Henestrosa y de López Chiñas, también en lengua española. Marcaron de manera profunda la expresión poética del Istmo con puntuales aportes de estilo, expresión, sonoridad y, por supuesto, con reflexiones utilísimas para la escritura alfabética de la lengua de los binnizá, los hijos de la nube o la lluvia.

Para Víctor de la Cruz, Pancho Nácar (seudónimo de Francisco Javier Sánchez Valdivieso) el más grande poeta de la lengua zapoteca. Destaca que vivió por y para el zapoteco y que en el conocimiento amplio y profundo del idioma radicaba el secreto de su gran poesía. Víctor de la Cruz mismo, magnífico poeta en zapoteco y en español, que por decisión propia rehusó ser incluido en este libro, publicó en 1983 La flor de la palabra, una amplia antología de literatura zapoteca, con una sección final en lengua española. Aparte de los poetas ya mencionados, agregó a Eustaquio Jiménez y Macario Matus, éste último, poeta que abre Laguna Superior.

Entre los poetas de una nueva generación que escriben tanto en zapoteco como en español me había ocupado ya de varios poetas: Feliciano Marín, Antonio López Pérez, Natalia Toledo, Víctor Terán, Jorge Magariño y Manuel Matus. Ahora, comprueban aquí su gran calidad poética, su poder expresivo, su arte impecable. Ahora, igualmente, con los nuevos poetas que reúne este volumen, entiendo que el Istmo vive un gran momento creativo, un encomiable aliento que no pierde la vida de hoy, que no olvida la gran tradición de ayer.

En un país tan dolorosamente complejo y lastimado como el nuestro, los poetas de Laguna Superior ofrecen un abrazo amigo, un soporte valioso y alegre, un conocimiento de la vida, una conciencia artística que da a nuestros idiomas la diafanidad que la realidad social no logra ofrecer. Enhorabuena por esta gran poesía que celebra y enaltece nuestra vida.

 

Carlos Montemayor.

 

 

 

 

 

Rayuela

O

Esta ausencia sabe a Maga

                                                          Para el cronopio mayor.

 

 

Abro la llave

Y aperece la imagen de Maga

En el centro del agua

Parto un pan

Y descubro en la levadura

El rostro de Maga.

Me como las uñas y es sabor a Maga.

 

Me pregunto si es así la locura.

 

¿Por qué la Maga y no la vedette de moda

O la faz de dios en el centro de las verduras

Y el recaudo?

 

¿Sabes mi adorada Maga

Que en tu ausencia he engordado

Cuarenta kilos de nostalgia

Degustando tu imagen

En mis devastadas noches

De apetitos voraces?

 

Dicen que la tristeza adelgaza

Y me descubro lleno de ti

Nunca harto de tus besos

Que se desparraman en el plato

De lágrimas que ha sido mi vida

En tu ausencia.

 

Cazador infortunado

Te multiplicas en la mira de mi apetito

Apenas contenido con puñados

De sombras ensalivadas

Maga

Es hora que regreses a mis sueños.

Haz que esta pierna de cordero

Sepa a ti. Aliméntame.

Aunque ahora sé que también de sueños

Vive el hombre.

Nútreme

Sé mi sustento

Dale vida a esta muerte

Y regrésame a los olores de siempre

Cuando no había preámbulo para hacer hambre

Y el apetito de ti nunca me faltaba.

 

En estos días por venir

Mi presentida Maga

Beberé de tu fotografía y me inocularé

El veneno de tu imagen

Para estar a tu altura y ser uno solo.

Así comeré de mis brazos

Y de mis piernas alimentándome de ti

Y seremos un solo recuerdo

Y una sola imagen,

Y cuando hablen de ti hablarán de mí

Y dirán…

 

                                           José Alfredo Escobar.

 

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

 

 

Bibliografía propuesta.

Jorge Magariño, Víctor Terán. “Laguna Superior” Poetas del Istmo Oaxaqueño. Editorial Gubidxa Soo, México 2008, 220 páginas con ilustración.

 

Ilustración.

Garza y cocodrilo. Francisco Toledo.

 

 

 

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Pronto será Navidad.

 

 

¿Qué es lo que a dioses

Y hombres separa?

Que muchas ondas

De aquellos vienen

Y su corriente

Como una ola eterna,

Nos traga, nos alza

Y nos apaga.

 

En estas fechas decembrinas de agitado andar por los centros comerciales, de refunfuñantes rostros por el mal cobro de unos números inscritos en papel moneda y la imperiosa necesidad de lucir lo mejor , nace la siguiente interrogante: ¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué la dichosa prisa de expedir dineros en compras a veces con el adjetivo calificativo de vacías? ¿Por qué o por quién? De allí que muchos peguemos el grito y como respuestas inmediatas se tengan las siguientes, por citar algunos ejemplos: – es por pasar la navidad en compañía de nuestros seres amados y ellos como nosotros merecemos lo mejor en estos días de asueto- o bien -porque se aproxima la nochebuena y hay que celebrar-

Y es que muchos dirán obviamente que la razón que lo justifica radica en un  hecho que propicia la unión más entrañable que pueda existir, a saber, la de la familia. Misma que es aplaudible ante la crisis emocional que ataca dicha célula actualmente (no es mi postura la de ser un clasiquero y “mocho” defensor de las costumbres impuestas). Muchos otros podrán dibujar la celebración en la estadía con amistades y la reflexión en los hechos acontecidos a través de un año. Otros tantos como mera excusa para pasarla bien al sonar de las botellas y el escape en las danzas que marcan los compases del reproductor de discos compactos.

Pasa tan desapercibido el significado de estas fechas y henos aquí, pronto será Navidad (fecha en la que en el más estricto análisis cronológico  divergen variadas posturas de credo y ciencia, llevándola a otros puntos en el calendario, hecho que no voy a discutir por la sencilla palabra llamada: Tolerancia).

Navidad o nacimiento, noche de bendición, misa de Cristo…

Una fecha que se nos ha sido dada como herencia inmediata por el cristianismo, la que marcó el advenimiento de Yeshúa, un Salvador para  todos los hombres según la postura eclesiástica. Entonces, ¿Quién fue Jesús de Nazaret?

Lejos de propiciar una respuesta como verdad única y reclamo ideológico universal, presento mi concepto sobre tal Supremo Maestro dejando fluir libremente mi Fe, misma que no está circundada por dogma alguno; sin embargo, enriquecida día a día con brotes y percepciones diversas que son puestas a mi juicio bajo la escuadra de la razón y la íntima conexión con aquel que es conocido como el Gran Arquitecto Del Universo. Para ello deseo citar un breve extracto de las palabras de Edouard Schuré en su obra “Los grandes Iniciados”, específicamente en el primer apartado llamado: El estado del mundo al nacimiento de Jesús.

La descomposición social y política de Grecia fue la consecuencia de su descomposición religiosa, moral e intelectual. Apolo, el verbo solar, la manifestación del Dios supremo y del mundo supraterrestre por la belleza, la justicia y la adivinación, se calla. Ya no hay más oráculos, más inspirados, más verdaderos poetas: Minerva-Sabiduría y Providencia, se vela ante su pueblo transformado en sátiro, que profana los Misterios, insulta a los sabios y a los dioses, en el teatro de Baco, en las farsas aristofanescas. Los misterios mismos se corrompen, pues se admite a las sicofantes y a las cortesanas en las fiestas de Eleusis. Cuando el alma se espesa, la religión se vuelve idólatra; cuando el pensamiento se materializa, la filosofía cae en el escepticismo.

Volteemos un instante a nuestro alrededor y hallaremos sorpresivamente aquella Grecia en suelo tenochca.

Jesús de Nazaret, su concepción y nacimiento.

Para algunos, hijo de un pobre carpintero, niño concebido por la gracia del Espíritu Santo, como en acto mágico y espontáneo. Para otros, producto divino de la unión sexual de Elohim y María, siendo ésta cubierta por el manto protector del Santo Espíritu (ver “Jesús el Cristo” de James Talmage). Para algunos más, la incorporación del ser etéreo del Altísimo en el vaso escogido de una virgen (ver “Jesús y los Esenios” de Schuré).

Su humilde llegada al mundo en un pesebre dictado como el fiel cumplimiento profético de Isaías y varios patriarcas, nos recuerda que aquellos escogidos comenzaron a construir su Reinado Universal en un carácter de discreto silencio y “oscuro”  sentido de preparación.

“Saldrá un brote del tronco de Jessé, un vástago saldrá de sus raíces, y el Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, el Espíritu de Consejo y de Fuerza, el Espíritu de Ciencia y de Temor del Eterno. Juzgará con justicia a los pequeños y condenará con rectitud para mantener a los buenos sobre la tierra; y castigará a la tierra con el látigo y la boca y hará morir al malvado por el espíritu de sus labios”.

¿Recordamos pues en nuestras mesas, en tal fecha, la esencia de quien tomamos como Salvador? ¿Nos damos a la tarea de una simbólica reflexión crítica y honesta para con nosotros y los nuestros? ¿O es que asumimos el papel de cortesanos y sátiros, callando la llama de la fe (no importando la línea religiosa) y espesando la clara luz de la enseñanza cristiana?

Creo sin duda alguna en el poder tangible de la fraternidad, aquella que se esconde detrás de las enseñanzas del Maestro. Aquella que a su llegada fuere anunciada con inspiración y tono de mansedumbre, que debe recordarnos el carácter ascético de la creencia en un ser Divino. Bien lo tuvo a sacar de sus labios un ángel mensajero:

 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Pienso que mucho más allá de la búsqueda del bienestar material (ambición que no es dañina cuando se sabe dar prioridad a los más nobles pensamientos y valores) y de la adopción a veces inconsciente de las corrientes en boga por el continuo bombardeo mediático; debemos hacer una pausa concienzuda, sentarnos a mirar en rededor, probar la Sal del Supremo Maestro, permitirnos ser un puño de Sal que de sabor a la tierra, en ésta era del vacío (según Gilles Lipovetsky). Permitamos el sentimiento humano, no con hechos extremistas, veamos el espacio inmediato a nuestras narices. Si bien decimos “Soy católico, o bien mormón, o bien solo creo…” dejemos a un lado ése infortunio liviano y frívolo. Bien lo escribió Sartré el existencialista:

¿Hay algo más desengañado que decir la caridad bien entendida empieza por casa, o bien al villano con la vara del avellano?

De los Evangelios apócrifos se desprende una enseñanza hermosa de aquel Príncipe de Paz, con la cual doy por finalizado éste sentir.

Un día, Jesús, que había salido de su casa, recorría, solo, el país de los galileos. Y, habiendo llegado a una aldea, que se llamaba Buboron o Buasboroín, encontró allí a un hombre de treinta años, que estaba muy incomodado por la vehemencia de su mal, y que yacía tendido sobre su lecho. Cuando Jesús lo vio, se compadeció de él, y le preguntó: ¿De qué raza eres? El hombre repuso: De raza siria y del país de los sirios. Jesús añadió: ¿Tienes todavía padre y madre? El hombre dijo: Sí, y mis padres me han expulsado de su hogar. Errante ando por doquiera, para buscar mi sustento diario, mas no poseo domicilio en parte alguna. Jesús inquirió: ¿Y cómo has podido salir de tu país? Respondió el hombre: Se me trataba, unas veces contra salario, y otras para pagarme. Jesús continuó: ¿Por qué has venido a este país? El hombre contestó: Para pedir limosna, y para subvenir a mis necesidades materiales. Y Jesús sentenció con gravedad: Si soportas con calma tus tormentos, encontrarás más tarde el reposo. A lo que el hombre replicó: Pueda o no pueda, los soporto y los acepto con júbilo.

Y Jesús dijo: ¿A qué dios sirves? El hombre repuso: Al dios Pathea. Y Jesús le preguntó: ¿Encuentras, pues justo que te halles en este estado? El hombre manifestó: He oído decir a mis padres que ese dios es el dios de los sirios, y que puede hacer a los hombres todo lo que le place. Interrogó Jesús: ¿Cuál es tu nombre? El hombre dijo: Hiram. Y Jesús lo conminó, diciendo: Si quieres curarte, abandona ese error. Hiram dijo: ¿Y cómo he de dar crédito a tu propuesta? Porque tú eres todavía un niño, mientras que yo soy ya un varón adulto. Y Jesús le preguntó: El dios de tu culto ¿tiene el poder de devolverte la salud y la vida por una simple palabra? Y Jesús añadió: Si crees de todo corazón, y si confiesas que hay un Dios del cielo y de la tierra, que ha creado el mundo y el hombre, tal Dios es capaz de curarte. Hiram apuntó: No he oído hablar de él. Jesús dijo: Sea. Pero cree sencillamente, y tu alma vivirá. Hiram le preguntó: ¿Y cómo hacer ese acto de fe?

Respondió Jesús: He aquí la fórmula. Creo que es un Dios muy alto, el Padre creador de toda cosa, y creo en su Hijo único y en el Espíritu Santo, trinidad y divinidad una y perfecta. Hiram repuso: Creo lo que me dices. Entonces Jesús le habló, interrogándolo: ¿No te has presentado a alguien, para que te cure? E Hiram exclamó: ¿Qué médico podría librarme de tan grave enfermedad? Jesús dijo: Aquel a quien pagues, lo podrá fácilmente. Hiram opuso: Pobre como soy, nada tengo que dar, y nadie hace la caridad gratuitamente. Y Jesús objetó: ¿No has dicho tú mismo antes que has venido de un país lejano, que has recorrido numerosas comarcas, y que has recibido limosnas? ¿Por qué dices ahora falsamente que no tienes con qué pagar? Hiram repuso: ¡Perdona, niño! Lo que te he dicho es que nada tengo que dar, excepto el alimento que recibo al día, y el vestido que me cubre.

Y Jesús, viéndolo llorar, exclamó: ¡Oh hombre, dirígeme tu demanda! ¿Qué puedo hacer por ti? Y respondió Hiram: Haz por mí todo lo que te plazca, y gratifícame con algún socorro. Y Jesús, extendiendo la mano, tomó la suya, y le ordenó: Levántate, yérguete sobre tus pies, y ve en paz. Y, en el mismo momento, el hombre quedó curado de sus males. Y cayó llorando de hinojos ante Jesús, y le hizo la siguiente petición: Señor, si quieres, te seguiré en calidad de discípulo. Mas Jesús le dijo: Vuelve en paz a tu casa, y cuenta todo lo que he hecho por ti en este encuentro. Y el hombre se prosternó de nuevo ante Jesús, y marchó a su país.

 

 

 

  

 

 

Bibliografía propuesta.

Schuré Edouard, “Los grandes Iniciados”.

Talmage James, “Jesús el Cristo”.

Lipovetsky Gilles, “La era del vacío”.

Sartré Jean Paul, “El existencialismo es un humanismo”.

Santa Biblia versión Reina Valera 1960.

 

Fotografías

http://www.flickr.com/photos/biblarte/3597352193/sizes/l/in/set-72157619202066973/

http://www.flickr.com/photos/norfolkodyssey/sets/72157603493730625/

http://www.flickr.com/photos/12639210@N08/2340851600/

 

 

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Melodies.


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Encuesta de fin de año.

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Un segundo hijo pródigo.

Hace unos días en “L’abri du pauvre” transcribí un fragmento de las cuatro nobles verdades de Buda:

 

Ver un mundo en un grano de arena

Y un cielo en una flor silvestre.

Tener el infinito en la palma de tu mano

Y la eternidad en una hora.

 

La impactante cápsula en el tiempo, aquella que en particular hallara un segundo hijo pródigo (así autodenominado), hombre sereno de mente crítica y abierto a su propia inserción en un árbol ajeno a su <<Heimat>>.

 Y es que voy a tomar enseguida mi dialecto paisano pa’  poder echar cuartiada en esta ocasión. Porque si bien lo cantó aquel guitarrista que tan profundo toca mi corazón, hay mucho maistro letrao que forra el saco con lo que otro escribió. Así también pajaritos que se entrampan solitos por presumidos; pero éste pajarito del que quiero describir su trino, al vaivén de los caminos muy grande me salió.

Dicen las lenguas del viento sureño que una tarde un gallito colorao buscando la rais de su tata, picaba y picaba entre las piedras. Ya había comido un poquito de alpiste y de mais. Mas cuando su tata caminaba por los surcos, lo veía flotar. ¿Por qué no tiene las patas como la tierra?¿y ande se refleja el agua zarca en sus ojos? se preguntaba. Fue entonces que un rato después viendo las estrellas del cielo en aquel rancho ande vivía y al sereno de la madrugada, se topó con una cajita raspada y usada. Quieto la observó con mucho cuidao sin saber pa’ lo que servía aquello, nomás alvirtió que era de un color como el añil pero ya apagao y con unos herrajes que no tenían sarro. Dentro la cajita había un papelito, que decía muy raro; era un cuento de un árbol imponente ande se condenó la vida de un hombre y a los años se resistía a dejar las ramas caer. La gente de aquel lugar mentao en el papel tuvo miedo de que fuera señal divina porque al pasar las estaciones, echaba la frondosa copa y abajo suyo la fresca sombra.

Aquel gallo guardó bien la caja y olvidándola por muchos meses, topó la entrada del verano. Allá en el Sur es ande llegan las aves corretiadas por el frío de tierras que ni él se imaginaba. Cierta mañana apareció de improvisto un pájaro grande en el patio ande el gallito cantaba; su plumaje no era como el de las chachalacas y las codornices de la región. Era uno parecido al tata, su cuerpo flotaba, nomás que ésta ave quedaba mirando las vacas y aguzaba pa’ poner atención al cercao. En una de ésas, moviendo el ala, el extraño, sigiloso poco a poco se aproximó ande el otro. –Ando buscando un cofre con la semilla que vo’a sembrar. He volao lejos cargando la rama que mi dueño me dio; él, hace mucho salió sin dejar la huella, nomás el pedazo que ya se quiere secar- le dijo. Espantao fue corriendo ande la había escondido, y ya de regreso dejándola caer en el suelo, la rodó con el piquito sucio hasta ande estaba aquel pajarón que esperaba con cierto aire de comodidad. –Nomás quiero preguntarte algo- dijo el gallito, -¿es de buena mata la rama? Pa’ que después también pueda sentarme bajo su sombra al medio día-, la respuesta que recibió fue la más certera: -ven ayúdame a que ésta tenga retoño y verás todo lo bueno que trae consigo-.

Al pájaro que vino del norte, yo podría darle el calificativo de un loco enamorado y versista por afición, mismo que lanza sus líneas a la obsidiana con pechos, en un canto que se lee así:

Hija enfriada y salvaje del fuego volcánico,
Cruzando feroz del jade creador ambiente.
Piedra redonda que chiquea ojo y mano,
Navaja tan afilada del sacrificio sangriente.
Vidrio oscuro con tenebrosos rayos,
Macahuitl decapitando a caballos.

Así pienso viendo a tu cabello oscuro,
Algunos rizos con una luz tenue serpetean
En el oro moreno del crepúsculo cansado,
Reflejos tardes de un sol cayendo hacia mictlán.
Y siento que una punta tan aguda
Había dado en la diana templada.

Sé que tus ojos negros jamás van a cumplirlos
Que la obsidiana con su oscuro lustre ofrece:
La guarda contra magia negra y amores falsos.
Ya zampaste como llegaste y mi vida me parece
Umbria por esa ilusión que me dejaste,
Una esperanza con que no concordaste.

 

Bien decía aquel iniciado magno en la primera estrofa de “Mignon”:

Kennst du das Land, wo die Zitronen blühn,
Im dunkeln Laub die Goldorangen glühn,
Ein sanfter Wind vom blauen Himmel weht,
Die Myrte still und hoch der Lorbeer steht?
Kennst du es wohl?

 

¿Conoces el país donde florece el limonero,

Y entre el follaje oscuro brilla la naranja dorada?

Desde el celeste azul se agita un suave viento,

El mirto y el laurel crecen serenos.

¿Lo conoces?

 

 

Folker Wagner Mumenthey… ¿Hijo pródigo? ¡Legítimo de toda una historia!

 

 

 

 

 

© Josías Mumenthey.

 

 

Fotografías:

© Folker Wagner Mumenthey

 

Poemas:

Obsidiana de F.W.Mumenthey

Mignon de J.W.V. Goethe

 

Sitios de interés:

http://www.folker-wagner-mummenthey.de/blog/?p=64

http://www.folker-wagner-mummenthey.de/blog/?p=32

http://mummenthey.net/

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